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Barald

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Horda.png
Barald Craw
Imagen de Barald Craw
Información del personaje
Servidor Los Errantes
Raza Renegado humano
Edad 41
Clase Caballero de la Muerte
Alineamiento Legal Malvado
Lugar de nacimiento Lordaeron
Residencia Territorios Renegados
Afiliación Renegados, Gremio de las Sombras, Caballeros de la Espada de Ébano
Estado Activo

TrasfondoEditar

Barald nació en Lordaeron el año 10 antes de la apertura del Portal Oscuro. Hijo de una familia sencilla dedicada al comercio de telas, se crió como un muchacho normal y corriente. A lo largo de los años, fue sintiendo la llamada de la Luz, lo que le llevó, ya con 15 años, a unirse a la Iglesia de la Luz como acólito. Por aquel entonces la Horda estaba empezando a sembrar el caos en las tierras del sur y el miedo a la inminente guerra hizo mella en la familia de Barald, haciendo que la locura brotara en la mente de su padre, que acabó desapareciendo en los bosques de Tirisfal gritando las penurias que sufriría su pueblo a manos de los orcos.

No fue hasta el inicio de la Segunda Guerra, con la llegada de las noticias de la fundación de una orden de guerreros al servicio de la Luz, que Barald tomó las armas por primera vez para defender a su pueblo más allá de con los rezos. Viajó a asistir a las fuerzas de la humanidad en todas las batallas que pudo, aprendiendo de los grandes héroes el arte de la batalla. Durante 14 largos años, Barald dedicó su vida a combatir a los orcos y vigilarlos en los campos de internamiento una vez derrotada la Horda. Fue durante esos años que conoció a Leah, una soldado del ejercito de Lordaeron.

Entre ellos se creó casi inmediatamente un fuerte vínculo, que acabó culminando en un feliz matrimonio. Ambos dedicaron su vida a la protección del reino de Lordaeron y, el día que el Culto de los Malditos liberó al Azote, su labor militar tomó más importancia de nuevo, aunque sus nuevos enemigos parecían cada vez más poderosos. Codo con codo, espalda con espalda, ambos lucharon contra la horda de no-muertos que estaba asolando su hogar. Durante este periodo, la fe de Barald se fortaleció y cada vez más se apoyaba en la Luz para asolar a sus enemigos. Fueron años intensos, pero, al final, las tierras que los vivos controlaban mermaron hasta ser meros puntos fortificados que resistían a duras penas. Fue durante esos años que se unió al Alba Argenta para erradicar a esas bestias descerebradas.

Barald luchó fielmente por la Luz durante muchos, muchos años y esta no hizo más que ir quitándole poco a poco todo aquello que le importaba e, igualmente poco a poco, su fe empezó a flaquear. El golpe letal a la fe ciega de Barald llegó cuando se encontraba en uno de los primeros intentos de asalto a la necrópolis de Naxxramas: La derrota era algo casi asumido, pero aún así, todos aceptaron asistir a la batalla para medir las defensas del fuerte de la Plaga. Leah y él marcharon juntos durante toda la batalla, pero, en un momento fatal, su regimiento se separó a causa de un ataque en masa de la Plaga. En ese momento, vio como un grupo de necrofagos se abalanzaba sobre Leah. Separado de ella e incapaz de poder hacer nada por ella, no pudo más que observar la última sonrisa que ella le dedicó en sus últimos instantes. En ese momento, la ira, la rabia, la frustración y la impotencia se apoderaron de Barald, que maldijo mil y una veces a la Luz, jurando por su vida que jamás volvería a servir a ese brillo traicionero. Blandiendo su maza como un orco desenfrenado, acabó con muchos no-muertos, pero no fue suficiente y, al final, también él sucumbió.

Despertó de su pesadilla en un lugar oscuro. Cuando empezó a hacerse al ambiente, vio que se encontraba en un fuerte de la Plaga rodeado de cultistas. Su nueva no-vida estaba comenzando. Las torturas mentales a las que le sometieron fueron atroces y, al final, sacaron la máquina de matar desalmada que había en él. Los sucesos de la Capilla de la Luz se sucedieron y Barald se libró del yugo del Rey Exánime y, aunque ahora era un monstruo, se encargaría de acabar con ese perro con las nuevas fuerzas que le habían brindado. Luchó con las fuerzas de los vivos hasta la Ciudadela de Corona de Hielo y vencieron unidos.

Cuando regresó a Ventormenta en busca de algún familiar vivo, llegó la decepción. Era un marginado, un paria. Todos le repudiaban, se apartaban de él. Ya no pertenecía a ese mundo. ¿Y a qué mundo pertenecía? Y entonces, ellos. Los Renegados estaban ahí para él, para ayudarle a acomodarse a su nueva condición y a respetarle como lo que es. Incluso descubrió el culto a la Sombra, una fuerza más lógica que esa perra traicionera de la Luz.

Acabó encontrándose con una rama de ese culto, el Gremio de las Sombras y, ahora, sirve a los Renegados y a la Sombra como antes lo hiciera por Lordaeron y la Luz, esperando que esta vez no le traicionen.

AparienciaEditar

Aunque mantiene su cuerpo humano en casi perfecto estado, ha dejado un poco sus labores de higiene, por lo que algunas partes de su cuerpo han comenzado a pudrirse, dándole un aspecto más hostil e inhumano.

CarácterEditar

FamiliaresEditar

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