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Anwën Shadowmoon

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Prólogo.Editar

Teldrassil, Año 31 DAPO.

Un enorme Cuervo de Tormenta sobrevoló por la posada, descendiendo sobre la poza lunar y mirando sus aguas, mientras la noche caía sobre Teldrassil y la luna iluminaba las pozas con su luz, haciendo plateadas sus aguas y llamando la curiosidad del Cuervo, quien miraba las agua de forma fija y sin distracciones.

Una sombra sigilosa pasó cerca de la poza y el Cuervo se percató del acecho del felino, que usaba la noche para camuflarse, pero ni el felino atacó ni el Cuervo se movió, sólo se quedaron ahí, esperando mientra la luz de la luna seguía iluminando la poza, pero fue hasta que de la luz de la luna, salió una Kal'dorei, era hermosa, su piel, violeta y vistiendo un vestido perlado, haciendo juego con sus ojos plateados mientras sus pies rozaban el suelo sin dejar huella por ahí donde pisaba, se acercó lentamente, como un fantasma de una era pasada, miró un momento al felino y luego miró al Cuervo, sonriendo. Entonces sin aviso alguno se sentó en la piedra que hacia la poza mirando a los presentes, pero ya no había un Cuervo de Tormenta, sino un Kal'dorei de cabellos blancos con una túnica de cuero que le bajaba hasta los pies, donde unas botas tocaban el suelo de manera silenciosa, a su lado, donde antes había estado un felino escondido, otro Kal'dorei estaba de pie, su cabello azul reflejaba la luz de la luna, aún cuando este estaba amarrado en dos largas trenzas; ambos miraban a la Kal'dorei frente a ellos.

-Habéis acudido - dijo ella en su idioma.

-Mencionaste que era urgente - respondió el Kal'dorei de cabello blanco.

Ella lo miró un momento como evaluando hasta que miró al otro Kal'dorei.

-¿Le habéis notificado? - preguntó ella.

-No - respondió él - Esperaba el momento propicio.

-¿Me pueden decir que es lo que está pasando? - preguntó el otro mirándola sin perder la calma.

Ella miró un momento a lo ojos de este y suspiro.

-El ha vuelto, esta vivo, aún - dijo ella preparada para cualquier emoción que le pueda dar de improviso.

Pero el druida frente a ella, incapaz de convertirse en oso, no mostró gesto alguno ante sus palabras, sólo lo expreso como un suspiro, lo único que explicaba su incomodidad.

-Lo sé, quise pensar que sólo era una ilusión, pero la naturaleza nunca miente, ni tampoco el oscuro poder que este desprende. ¿Ahora que hizo?

-Lo encontré merodeando por Costa Oscura - dijo el Kal'dorei de cabello negro - Estaba herido, pero sabía esconderlo, quise darle paz, pero Gilraën me detuvo, me dijo que sólo tú eres el único que debe darle un descanso merecido.

Pero no recibió respuesta del otro druida, a lo que Gilraën se mostró preocupada.

-Si no deseas hacerlo, me encargaré yo misma de hacerlo.

-No - dijo el druida - Es algo que yo debo hacer.

Y sin aviso se dio la vuelta y un enorme Cuervo de Tormenta emprendió el vuelo perdiéndose en la noche.

-Iré con él - dijo Gilraën dando un paso.

-Espera - dijo el druida de cabello oscuro.

-Pero Amrôd, no sabemos...

-Nosotros no debemos perturbarle, quizás lo que necesite ahora sea la compañía de la Diosa y no la nuestra - dijo Amrôd antes de que un felino, que estaba en el mismo lugar donde estuvo el, se camufló usando la oscuridad del bosque.

Gilraën lo vio desaparecer y luego levantó la mirada al lugar donde el Cuervo de Tormenta había desaparecido.

-Diosa Luna, que este presentimiento no sea cierto, te lo ruego.



Hace más de diez mil años, la familia Shadowmoon se sentía en la completa dicha, el mayor de los tres hijos, Anwën, era un mago diestro en las habilidades arcanas, Elros, su gemelo pero menor, era diestro en la espada y en la herrería mágica, cada espada que él hacía tenía magia o una habilidad que la hacía diferente de otra, el último Huor, era un erudito y amante de los libros, se encargaba de la política y de la imagen de la familia junto a su padre. Todo había sido dicha hasta que la Guerra de los Ancestros cayó sobre ellos, cuando los demonios atacaron, Anwën fue uno de los que vio lo que la energía arcana había hecho al mundo y luchó para salvar a su familia, pero su padre había intentado protegerlos al salir a pelear contra los demonios y su madre se había mantenido firme creando una barrera para que estos no puedan hacerle daño a sus hijos.

-¡Anwën! - exclamó La Dama Shadowmoon - ¡Cuidad a tus hermanos, cuidadlos como nosotros no pudimos!

Entonces con la última de sus energías, ella recitó un hechizo de teletransportación que le saco a él y a sus dos hermanos fuera de la refriega no sin antes ver el cuerpo de su madre caer debilitada y a su padre ser empalado al tratar de correr hacia su amada.

Fue cuando entendió lo que había hecho y abandonó el camino de la magia y se dedicó al druidismo, como una manera de mantener ambos poderes en equilibrio, Elros se dedicó a mejorar su táctica con la espada y Huor rechazó la política en una sociedad donde Los Altonato ya no eran bienvenidos, cambió su postura y empezó a leer sobre el equilibrio y el culto a Elune. Para cuándo Anwën entro al Sueño Esmeralda, Elros quedó al frente de la familia y como protector de Huor, que por su baja capacidad mágica y sólo erudita, no podía defenderse sólo.

Así pasaron diez mil años y la Legión Ardiente había regresado pero no por mano de Kal'dorei o Quel'dorei, si no por ellos mismos, casi.

Cenarius murió y Tyrande uso el Cuerno de Cenarius para despertar a todos los druidas y contraatacar usando su inmortalidad y acabando con ellos, fue entonces cuando Anwën, despertó. 

Luego de cumplir su deber para con su pueblo, contra la Legión Ardiente, inició la búsqueda de sus hermanos, pero solo había encontrado a Elros, quien le habló de los Shen'dralar y de cómo Huor se había ido con ellos. 

Pero no fue la única noticia para el, al cabeza de un tiempo, Elros fue enviado como soporte para la alianza en la recuperación de las Tierras de la Peste, aún cuando quiso acompañarle le fue imposible, la restauración de Hyjal, era lo más importante ahora para los druidas y Elros solo era un guerrero, así que se le necesitaba en el frente,  haciendo que sea una despedida y un ruego a Elune de que Elros esté bien. 

Pero no fue así, Elros había caído, muerto a manos de los Caballeros de la Muerte, los siervos del que se hacía llamar Rey Exánime, aquel que controlaba la vida y los espíritus de sus esbirros. Fue cuando Anwën perdió la sensibilidad, convirtiéndose así en un Druida Oso, por primera vez, al recibir la bendición de los ojos gemelos, quienes le explicaron, que el oso es Guardián y protector de todo lo que es importante para él y por como Anwën había sentido esa sensación de protección para su hermano lo que había hecho que su comunión con para con el oso, fuera estable. 

Al cabo de unos meses, luego de que el Rey Exánime muriese, el que una vez fue el Aspecto de la Tierra, regresó, pero ya no era el digno dragón negro de antaño, ahora era Alamuerte y tanto destrucción como caos, eran sus nuevos deseos, los Altonato regresaron a la sociedad Kal'dorei y con ellos, Huor, quien ya no era un novicio, si no, un experto en habilidades arcanos, el Huor que él había dejado hace ya diez mil años, no era en nada comparado con este Huor, pero la Unión con los Altonato, hizo en él un ser muy alzado y tan majestuoso como antes Anwën lo era. Fue entonces, cuando Elros, regresó, pero ya no era un Kal'dorei como lo fue al irse, su piel, antes casi púrpura como un Altonato, ahora era pálida y fría al tacto, sus ojos, antaño plateados y cálidos, ahora eran celeste blanquecino y fríos como la tierra helada de Rasganorte, su voz era más gruesa y fría, no había perdido el porte de un Altonato, pero su presencia mataba todo a su alrededor y sus poderes, ahora oscuros, eran de lo más abominable para un Kal'dorei, pero aún así, era su hermano, su otro yo y lo amaba como tal.

-Vete de aquí, no vuelvas nunca más, de hacerlo, yo mismo te mataré - dijo él y se dio la vuelta ante la mirada de Elros, quien sólo le quedó viendo. 

Desde entonces no lo había vuelto a ver, su deseo era que su hermano nunca regrese, así podría vivir la vida que este quisiera, pero por otra parte su deseo de verlo era grande, Huor paraba más con Los Altonato con los que había venido, mejorando sus habilidades como también enseñando a los jóvenes a usar estas habilidades arcanos y como manejarlas, así que no lo veía mucho. Sin embargo, con la noticia de Gilraën, todo había cambiado. Elros estaba en Kalimdor y era su deber buscarlo y matarlo, de una vez, como le había dicho al momento que le dio la oportunidad de irse. 

Anwën vio el enorme tronco de Teldrassil perderse en las nubes y volteando la mirada, un Cuervo de Tormenta emprendía el vuelo desde la Aldea Rut'theran, hacia la huella de la muerte, donde él sabía, que encontraría a Elros.

Capítulo I - Antiguo y Maravilloso Vallefresno. Editar

El vuelo desde Aldea Rut'theran hasta Costa Oscura, había sido sin previstos, esa noche no había llovido y pudo encontrar un buen viento que lo ayudó a mejorar el planeamiento por el aire, llegando a Lor'danel en casi menos tiempos de lo que normalmente lo hacía. Pero no había parado, había seguido hasta donde sus fuerzas le daban, sabiendo que ahora, como era Elros, no sufría de agotamiento así que no detendría su paso, pero Amrod, había mencionado que estaba herido, ¿eso hubiera menguado su caminar? Era sabido que los Caballeros de la Muerte, poseían una capacidad increíble de regeneración, pero él no sabía hasta que....

A menos que esté usando la vida de su alrededor, no, era imposible darse un descanso, era necesario avanzar.

Al entrar en Vallefresno desciende su velocidad y decidió descansar un momento a los pies de un gran tronco que por había por ahí, descendió y de un momento a otro, Anwën ya estaba sentado en la base de un enorme árbol, no había sido difícil prender un fuego y quedarse mirando hasta donde su vista podía mientras sus pensamientos trataban de ordenarse.


-Elros ha muerto - dijo Anwën sin contratiempos.

Huor miro a los ojos a su hermano y sólo los cerró un momento antes de hablar.

-Pensé que sólo había sido un miedo, pero parece que fue un aviso.

-A qué te refieres? - pregunto Anwën.

-Hace ya un tiempo, cuando aquel que los humanos llamaban Rey Exánime existía, sentí como si el triunvirato que nosotros somos se hubiese roto, como si el vínculo que los mantenía dejará de existir, desde entonces siento que nuestro vínculo y poder se pierde cuando se escapa por ese vacío, sin embargo hace poco, ese vacío se volvió a llenar y es como si el triunvirato se hubiera regenerado, el poder ya no se escapa, pero tampoco viene nada de ahí. Intente averiguarlo perosoloo veo muerte y destrucción.

-Elros nos querrá dar un mensaje? - se preguntó Anwën.

-Oh algo peor - respondió Huor.

Anwën entendía lo que era el triunvirato, sus padres les había entregado un anillo a cada uno, estos anillos eran plateados, bañados en un pozo lunar y tenían el símbolo de la familia Shadowmoon, una luna negra, su lado oscuro, habían sido creados para conectar a los hijos, así estuvieran donde estuvieran los anillos daban soporte entre sí, y debían ser heredados a los hijos de estos, pero, al morir uno de ellos, ese anillo debía dejar de dar soporte y hubiesen sido dos, pero había pasado algo curioso, era como si el "alma" del anillo hubiese sido quitada de este, dejando un vacío por donde el soporte de las otras dos se escapa, pero de alguna manera, ese anillo había recuperado su "alma" el vacío había desaparecido, pero el soporte, no había regresado.

Huor en Shen'dralar lo había sentido y Anwën en Nordrassil también, pero no sabían qué significaba.

Hasta que un día lo vieron con sus propios ojos, al principio les llegó un fuerte olor nauseabundo y el bosque entero se precipitaba, como si lo rechazase, el viento se volvió frío y cruel, como una ventisca y fue cuando vieron una enorme bestia anti-natural volando entre las copas de los árboles, era enorme como un dragón, pero al mismo tiempo era sólo huesos, pero una fuego azul se movía entre las costillas de la bestia, como si fuera su corazón y sus ojos eran llamas azules, la bestia di un rugido al verlos y descendió entre los árboles, al tocar el suelo, este empezó a morir poco a poco, pero sólo el área que sus huesudas patas tocaba, sobre ella, había un extraño en una armadura negra, con un casco con púas y una hojarruna en la mano, las escrituras de la hojarruna desprendían un aire gélido bañando la espada pero el jinete se la colgó al cinto y bajó de la enorme bestia, sus botas, negras, casi matan la hierba, pero estas se contuvieron y dejaron viva la hierba.

-¿Quien eres? - pregunto Huor levantando sus manos mientras unas llamas aparecían en estas.

Anwën, que no se había movido, vio al extraño frente a él y sintió una leve vibración en su mano derecha, donde estaba el anillo, su sorpresa fue grande cuando vio el mismo anillo en la mano del extraño.

-Elros - dijo Anwën.

Huor se quedó estupefacto al oír a su hermano y miró al extraño, quien no respondió pero si se quitó el casco, revelando a aquel Altonato que hacía tiempo no veía, Elros Shadowmoon estaba frente a él.

-Hermano - dijo Elros con una voz ronca.

Su cabello era tan blanco como la nieve, sus ojos, antes plateados, eran celestes y su barba se mantenía sin problemas, su piel era pálida sin comparación con el púrpura claro que había sido, pero el aura oscura y la muerte que desprendía, lo alejaba de aquel Elros que Anwën había visto por última vez hacía ya mucho tiempo.

-Eres... - balbuceo Anwën.

-Un Caballero de la Muerte - dijo una voz femenina.

Anwën y Huor voltearon la cabeza y vieron a Gilraën acercarse a ellos, descalza y con su vestido blanco.

-¿Que dijiste? - pregunto Huor.

-Lo que bien escuchaste, hermano - dijo Elros - Soy un Caballero de la Muerte.

Huor abrió los ojos atónitos y volvió la mirada a Elros, mirándolo con repulsión.

-Pero ¿cómo...? - pregunto Anwën mirando a Elros.

-Nigromancia - respondió Gilraën - Ese Rey Exánime si que era poderoso, puede revivirte sin problema y aún con tu cuerpo y hasta mantenerlo en forma.

Entonces Anwën lo comprendió todo, el anillo si había perdido un alma, el de Elros, pero lo había recuperado cuando ese "Rey Exánime" lo había traído a la vida de nuevo, pero de una forma antinatural y abominable.

-Esto es....antinatural, abominable - dijo Huor dando un paso atrás - Dime hermano, dime que has venido para darte redención, dimelo porfavor y con gusto te ayudare, hasta el fin.

Pero Elros sólo le quedó mirando con tristeza.

-He de admitir que muchos de los nuestros se quitaron la vida cuando fuimos libres, pero algunos aceptamos nuestro destino y seguimos adelante, sigo siendo Elros, no he cambiado para nada, es cierto que no tengo perdón por todas las atrocidades que hice como Caballero de la Muerte, pero pensé que ustedes como mis hermanos entenderían! -exclamó Elros mirando a Anwën y Huor.

-Entiendo tu confusión hermano, como también espero entiendas que esto lo hago por tu bien - respondió Huor y unas llamas aparecieron en sus manos.

Elros vio las llamas y suspiro desenvainando su hojarruna.

-Parece que no habrá solución contigo hermano - dijo Elros mirando a Huor y desvió la mirada a su gemelo - ¿Anwën?

Anwën no había dicho nada, se había quedado en silencio mientras intentaba ver una forma de ayudar a su hermano, pero ya había visto lo que su mera presencia hacía a la naturaleza y lo había interpretado como una ofensa para ella, si la naturaleza no lo aceptaba, por mucho que le doliera, el tampoco debía hacerlo.

-Te ayudare a morir, hermano - respondió Anwën y fue cuando sus ojos, dorados por el entrenamiento druidico, se volvieron plateados y una luna creciente apareció en su frente, mientras las estrellas bajaban del firmamento y lo rodeaban, Elune había respondido.

Huor sonrió triste al ver a su hermano pensar lo mismo que el y luego con su determinación miro a Elros.

Elros había abierto los ojos por completo al ver a su gemelo, su otro yo, darle la espalda y prepararse para atacarlo, a el, a quién más comprendía y quería en todo el mundo, pero no había tiempo para dejarse sorprender, así que sólo cerró los ojos y Huor lo determino como un gesto d estar preparado y lanzo las llamas a su hermano, quien lo recibió de impacto pero la armadura lo protegía de ello y embistió contra Huor, Anwën cerró los ojos y levantando las manos, concentro la energía del firmamento y una luz blanca callo sobre u hermano, quien cayo al suelo, pero este absorbió la energía de la vida a su alrededor y logró curar sus heridas a tiempo para dar un golpe a Huor, quien no pudo responder rápido con un hechizo y fue empujado contra un árbol, Anwën aprovecho eso para embestir a Elros, pero esté de manera rápida y consisa ya estaba frente a el, listo para darle la estocada final, pero fue cuando sus ojos se miraron al unísono y la espada de Elros se detuvo un momento, el cual Anwën aprovecho para atraparlo en unas raíces que salieron del suelo, Huor se levanto rápidamente y murmurando unas palabras unos pilares de hielo salieron a los lados de Elros atrapandolo aún más, levanto las manos y la temperatura bajaba a su alrededor mientras una esfera de fuego y hielo se creaba.

-Alto - dijo Anwën y antes de que Huor atacase, unas raíces rodearon a Huor también.

-¡Hermano! - exclamo Huor - ¿Que haces?

Anwen miro un momento a Huor y este se calló, más tranquilo, miro a su gemelo un momento y las raíces desaparecieron destruyendo los pilares de hielo que Huor había creado.

-No puedo - respondió Anwën - Una vez fuimos una mente, un ser, un triunvirato, no me es fácil ayudarte en este momento hermano, pero...

Anwën camino hacia Huor le miro y con una sonrisa movió la cabeza, se devolvió a su otro yo y mirándolo los ojos le dijo:

-Vete de aquí, no vuelvas nunca más, de hacerlo, yo mismo te mataré y está no titubeare.

Anwën miro un momento más a su hermano y se dio la vuelta ante la mirada de Elros, quien solo le quedó viendo, juntó a un sorprendido Huor.

-Supuse que harías eso - le dijo Gilraën al pasar por su lado.

-No puedo matarle, no ahora - respondió Anwën.

-No te preocupes, la diosa lo sabía, por eso no te obligo hacerlo.

Anwën se quedo mirando a la sacerdotisa un momento más y luego miro hacia los árboles y siguió su camino.

Desde entonces Huor había dejado Nordrassil y había partido con los Altonato para continuar la instrucción de los nuevos magos Kal'dorei, ya no le había vuelto a ver más como tampoco a Elros. Hasta ahora.


Anwën regresó al presenté y escondió su recuerdo en lo más profundo de su mente, no necesitaba recordar lo que él mismo había dicho, ya era suficiente con haberlo dicho.

La noche en Vallefresno era tranquila, aún más después de la "tregua" con la Horda, los orcos habían dejado Vallefresno y ahora el podía estar tranquilo bajo un árbol sin tener que estar alerta de un posible ataque, pero pudo sentir esa presencia, que a la vez era tranquilizadora, le era intrusa.

-No necesitas esconderte, no de mi - dijo Anwën sin dejar de mirar el firmamento.

El mismo felino que había estado en Teldrassil, se materializó a su lado y de un momento a otro un Kal'dorei caminaba hacia el arrepentido.

-Siento haberte seguido, pero no podía dejarte sólo - respondió como defensa Amrôd.

-No lo lamentes, yo nunca lamento tu compañía - respondió Anwën con una leve sonrisa.

Anwën era un Altonato, pero Amrôd era un Kal'dorei, aun así la única diferencia de edades era de cincuenta o sesenta años, se conocieron mucho antes de la Guerra de los Ancestros, Amrôd más era visto como un plebeyo que como Kal'dorei, por la relación que tenía con Anwën.

-¿Me seguiste volando? - pregunto Anwën.

-No al entrar en Vallefresno, aquí sólo fue necesario preguntarle a las plantas si te habían visto - respondió Amrôd.

Anwën ensancho más la sonrisa, Amrôd era un druida igual que el, pero no tan experto, lo que sí, había desarrollado una afinidad para hacerse amigo de todo animal salvaje que viese, como una capacidad para hablar con las plantas o árboles, saber sus males o ver sus recuerdos.

-Parece que si me vieron - respondió aún con la sonrisa.

-Pues sí, pero te notaron tenso, este árbol está más preocupado aún, piensa que una gran tristeza te corroe por dentro, pero sólo le he dicho que este tranquilo que todo ira bien - respondió Amrôd.

Entonces Anwën tuvo una idea curiosa.

-Puedes preguntarles, ¿que fue lo que hizo Elros aquí?

Amrôd le miro un momento y por su mirada Anwën descubrió que no se le había ocurrido esa idea a el, pero le asintió y camino hacia el enorme árbol, puso su mano sobre el tronco y cerró los ojos un momento. Anwën sintió como murmullos en el bosque y vio a Amrôd abrir los ojos.

-Increíble.

-¿Que paso? ¿Qué hizo? - pregunto Anwën alarmado mientras pensaba en los bosque muertos que habría dejado Elros a su paso.

-Nada - respondió Amrôd - Eso hizo, nada, sólo vino volando por el sur camino al vórtice que está en Costa Oscura, descendió ahí y habían dos humanas, peleó con una de ellas, pero esta cayó al vórtice y a la otra ni la toco, sus heridas eran por esa pelea, pero lo más sorprendente es que sus pisadas no mataron la tierra ni nada, si las debilito, pero no como para matarle.

-¿Y saben donde está ahora? - preguntó Anwën.

-Pues ya dejo Vallefresno, pero esta camino a los baldíos - respondió Amrôd.

Anwën se quedo pensativo un momento, ¿porque está a pie? ¿Porqué no vuela? ¿Quienes eran las humanas y porque les ataco? ¿Las humanas estaban haciendo algo malo aquí? ¿Elros sólo defendía las tierras de su antiguo hogar? Tantas preguntas y ninguna respuesta, sólo podía encontrar a Elros, pero tenía tanto sueño, era mejor levantarse y seguir la marcha, pero le pesaba el cuerpo, miro hacia Amrôd y lo vio posarse sobre el mirándolo fijamente.

-Dormamos un poco, te sentará bien.

Anwën dirigió sus ojos a la hoguera y tuvo un fugaz vistazo de las llamas antes de que sus párpados se cierren por completo.


El sueño había ayudado a calmar su mente, ahora estaba más centrado y más tranquilo, pero había perdido tiempo.

-Hubiésemos alcanzado a Elros para esta hora - dijo Anwën mientras cruzaban Vallefresno.

-Tan impaciente? - pregunto Amrôd - Debes estar tranquilo para cuando llegue el momento.

-Que mi impaciencia no te engañe de mi tranquilidad - respondió Anwën.

Y Amrôd lo sabía, Anwën podía estar ahora muy impaciente, pero su mente también estaba muy despierta y lista para entrar en acción en cualquier momento.

-Hemos de volar, así llegaremos más rápido - dijo Amrôd mirando a Anwën.

-Si, tenéis razón - dijo Anwën - He perdido su olor por esta zona.

-Yo igual - respondió Amrôd

Y en un momento, dos Cuervos de Tormenta alzaban el vuelo raudamente hacia el firmamento, perdiendose en la noche y saliendo de Vallefresno.

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