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Ansia de sangre en Nagrand

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ATENCIÓN. 

El relato que publico a continuación no es un relato inventado, sino una noche de rol en la Orden. Por lo que todos los diálogos y emotes, al igual que personajes, estuvieron en dicho momento y fue roleado con la caracterización propia de cada uno.  Con la única diferencia de algunas descripciones y demás que me he visto obligada a añadir para que el lector comprenda la situación de lo que nos rodeaba y nuestros ojos veían. 

Integrantes esa noche: Januar, Rienthal, Silver, Vyath, Bedurion, Alan, Sharly, Ren, Thausam, Flauga, Eraudon y Teralas.

Todo sucedió en la misma noche.

____________________________________________________________________

PRIMERA PARTE.


​Subió las escaleras y los encontró a todos, ya listos y ataviados, enfundando sus armas algunos. Terminando sus rezos a Elune otros. Y algunos, simplemente, a la espera de la partida.

- ¿Estamos listos?- Preguntó Januar a medida que los observaba.

Ren asintió con un cabeceo mientras se incorporaba. Bedurion terminaba de colocarse su bastón y Alan, tranquilo como de costumbre, acertó a decir un "Siempre estoy listo". 

No parecían asustados, más bien consecuentes de lo que fuera a suceder, pero no parecía importarles. Sin embargo Januar no andaba demasiado convencida, no sabría hasta qué punto podrían controlar la situación. 

- Debemos de pensar en cómo lo haremos.- dijo, dejándolo en el aire.

- Bah, es sólo un bastón de un viejo.- le contestó Alan.

- Un bastón que tiene un orco en su poder.

- Matamos al orco. Sólo debemos saber donde está. - Le espetó Alan, marchando ya escaleras abajo.

- En el Círculo de los retos, según dijo el vidente. Y debemos apresurarnos o el veneno de Vyath matará al vidente.

Tenían prisa. A pesar de todo y de haber intentado tratar la noche anterior con el vidente Jovar, Vyath había usado otros métodos que parecían haber resultado efectivos. Por alguna razón en aquella ciudad no se nos había mirado con buenos ojos desde nuestra llegada y tanto el vidente como su gente desconfiaban. Ya habían sufrido percances en el pasado y no querían arriesgarse. 

El vidente, no conforme con nuestra propia palabra nos pidió una prueba de amistad por parte del grupo. No nos darían las semillas para Vallefresno, eso parecía haber quedado claro. Pero quizás si recuperábamos su bastón, todo cambiaría. Sin embargo, fue deseo de Jovar no dejarnos descansar entre sus paredes y que durmiéramos a saber en donde. A Vyath no parecía haberle gustado la idea, por lo que a pesar de perder sus dagas, engañó al vidente que, enfadado, se las arrebató al ver que lo dejaron pasar con armas. Las dagas habían sido previamente envenenadas y ahora la vida del vidente corría a manos de Vyath. Eso nos hizo ganar tiempo... Y un sitio para dormir. Pero ahora, y temiendo que la cólera cayera en nuestras manos de la misma aldea de Telaar, nos veíamos obligados a buscar el bastón de aquel viejo supersticioso.

- Pues vayamos, entonces.- Dijo Alan, sacando así a Januar de sus pensamientos. 

- En marcha.- dijo Bedurion cuando se incorporó, ya preparado.

El camino se hizo eterno. Todos pensaban en qué se encontraría una vez llegados al lugar que el vidente les había indicado y las tierras que ahora la Orden ostentaba eran desconocidas para la mayoría. El grupo caminaba rápido, excepto por Thausam. Thausam era el doctor oficial de la Orden. Un gilneano que había vivido mejores días y que ahora caminaba tras de ellos, cojeando y apoyándose en su querido bastón. 

Por un momento cuando Januar se giró dando un sobresalto al ver la forma de druida de la Cornamenta de Alan. Lo había visto con anterioridad, pero no era usual. Sin embargo su mirada parecía decirlo todo y se impacientaba, tratando de apresurar al grupo. 

Entonces el grupo se detuvo en una encrucijada. Sharly, la hija de la Primera Espada Silver, intentaba descifrar las palabras draénicas que indicaban los distintos caminos que ahora se abrían a los pies de los elfos. Observaba los carteles y señaló un camino que se abria a nuestra derecha.

- Estamos cerca de Garadar.

- El lugar que buscamos no anda lejos, pero es el otro camino.- dijo Januar señalando a lo que parecía mostrarse a lo lejos como una edificación orca.

- ¿Son orcos marrones? Vamos, o rojos, o viles... - decía Sharly sin entender demasiado de la historia orca y de su pueblo, pero aún así curiosa. 

Thausam en cambio iba en silencio, avanzando con dificultad para seguir el paso de los elfos.

- Sé poco de orcos.- dijo Januar. Por no decir que prácticamente nada.

- ¿Quieres que me adelante y vaya a investigar?

Januar negó a Sharly. Era mejor no separarse y que el grupo no se dividiera, al menos de momento. 

- ¿Cómo se llama el lugar al que nos dirigimos? - dijo Thausam desde el final del grupo.

- El Círculo de los Retos.- le respondió Sharly. 

____


SEGUNDA PARTE


A medida que se acercaban, el lugar parecía desprender un jaleo molesto, un vaivén de razas compuestas por no solo orcos que se arremolinaban en corros, gritaban y discutían. Cuando los elfos se fueron acercando, el silencio fue reinando a su alrededor, observándolos con curiosidad y desconfianza. Frente a una gran abertura principal, un orco frenaba el paso y les miraba con cara de pocos amigos. Pero el orco no era tonto. No haría nada y menos contra un gran contingente. Además de que no podía saber qué querían ni si eran quizás invitados... Era un lugar extraño. Al no ser orcos las únicas razas que lo merodeaban, cabía la posibilidad de que fueran un grupo neutral y totalmente alejado de la formación Horda. Por lo que el orco en un primer momento, quiso asegurarse:

- ¿Tenéis pase? - Dijo de una forma un tanto burda. 

Januar miró al resto, sin saber qué dirían a eso. Alan, impetuoso como siempre, se adelantó.

- Tu jefe tiene algo que nos pertenece. 

- Am... amistad.  - Dijo Sharly, inexperta y sin saber qué decir. Sonrió, intentando disimular. Sabía que su respuesta había sido un tanto tonta.


El orco rió estruendosamente al ver el atrevimiento de Alan. 

- Gramhar te cortará la cabeza, elfo. Todo lo que Gramhar tiene es suyo por derecho. 

- Es mi tío.

- ¿Gramhar? - Se rascó la cabeza, pero no era estúpido. Y la actitud del elfo no le hacía ninguna gracia. 

Alan pensó que quizás colaría, tomando al orco por tonto. Pero de hecho, ese orco se alejaba mucho de tener un conocimiento vacío o vacuo, era demasiado inteligente. Así que por esa misma inteligencia prefirió lavarse las manos y añadir:

- Haré llamar a mi señor, pero os aviso que os acabará cortando la cabeza.- Se marchó divertido, sonriendo al imaginar tal situación. Pero no tomaría la justicia por su mano. No al menos ese día. Temía demasiado a su señor y había decisiones que él no se atrevía a tomar por sí mismo. 

Alrededor del grupo, una muchedumbre que esperaba en las puertas se mostraba cada vez más y más silenciosa, llegando a un silencio absoluto cuando escuchó el nombre de Gramhar. Se mantuvieron expectantes, deseosos de saber qué ocurría.

- ¿Es un gladiador?- Preguntó Thausam casi en un susurro.

- ¿No nos miran mucho? - Preguntó Sharly, nerviosa.

Thausam se adelantó con su viejo bastón y se colocó a la cabeza de los elfos, esperando con curiosidad a que apareciera el orco.

- Le habremos caído bien... - bromeó Alan, tratando de tranquilizar a Sharly. 

Januar miraba de un lado a otro, resoplante. ¿Dónde diablos estaba Rienthal? Una parte del grupo había permanecido en Telaar para asegurar de que llegados el caso, tanto la Orden como la expedición Cenarión tuvieran noticias en caso de que la noche no fuera bien y no salieran de esta. También la joven Flauga se había quedado aguardando el lugar con Eraudon y Teralas. Tampoco habría nada que temer, o al menos, la situación de momento no había parecido ser problemática. Así mismo, la sacerdotisa Därathiel sería un reclamo en Darnassus si había problemas para informar a las autoridades Darnassianas y Evetharion... ¿qué diablos habría sido de ese maldito druida? Eso no importaba ahora, al menos de momento no necesitarían de ayuda druídica. 

Miro a su alrededor una vez más y vio sus caras. Alan y Ren parecían tranquilos. Sharly sin embargo, nerviosa. Vyath... Vyath un tanto inmerso en sus pensamientos, ahora sin armas a su cintura como solía portar. Eso preocupó a Januar. Bedurion atrás del grupo, observando a la muchedumbre y Thausam, a la cabeza, con un gran interés por ver qué ocurría. Sólo Silver parecía mirar a todos uno a uno al igual que Januar hacía, impaciente.

Entonces apareció. Un esbelto y corpulento orco dio la cara frente a todos con un tropel de orcos como compañía. Se detuvo a varios metros del grupo mientras los orcos que le acompañaban miraban a todos y cada uno de nosotros de manera amenazadora. 

- ¡¿Quién osa llamarme ladrón?!- Dijo escupiendo más que hablando.

Empezábamos bien. Mientras pensábamos cómo salir de esa situación y cambiar el rumbo de la conversación a un tono más pacífico, Alan le contestó, arriesgando el pellejo. "Nosotros". 

Thausam se pasó la mano por el rostro ante su respuesta, la cosa no parecía que fuera a ir a mejor. Sharly en un primer impulso le puso las manos en la boca a Alan, asustada.

El orco alzó la mano a sus hombres y miró hacia los elfos... "Un sólo gesto y mis hombres acabarán con vosotros, ratas infectas"

"Decidme en qué queréis hacer perder mi tiempo y me pensaré si dejaros vivir".

La muchedumbre cuchicheaba, dándose a ver por algunos recobecos algunos movimientos de dinero y papel.

- Queremos un bastón de un viejo anciano. - dijo Alan.

- Sí, un bastón que está en tu poder... - Añadió el gilneano Thausam. 

Gramhar sonrío... "Oh, sí. El bastón.. ¿Ese viejo Jovar os ha enviado como conejillos a la muerte por ese bastón? Veo que es más importante de lo que parecía."

"¿Y qué me daréis a cambio?"

Todos los elfos quedaron en silencio, mirando de un lado a otro, confusos. Entonces, Thausam dio un paso al frente.

- Te reto a un Mak por el bastón. - dijo firme, ante la mirada atónita de los elfos.

- ¿Meternos en una pelea innecesaria? - trató de susurrarle Alan, pero quizás no lo oyó. O quizás Thausam estaba demasiado distraído tratando de mantener la mirada fija al orco. 

El orco arqueó una ceja mirando al gilneano, sonriente. "Eso me gusta..." 

Thausam tragó saliva, aunque ahora pensaba que debería de haberse tragado sus palabras. 

"Mirad, ese humano ya me va cayendo bien." Gramhar reía escandalosamente y el resto, temerosos de su jefe lo imitaban.

- Si lo preferís lucharé yo...- dijo Ren por lo bajo.

"Oh, de uno en uno chicos." - El orco parecía abrumado, la sed de sangre de su pueblo corría por sus venas y la situación comenzaba a gustarle en demasía.

Alan, para no quedarse atrás, impulsivo como siempre se dirigió al orco con un "¡Te desafiamos a ti y a tu panda de orcos a luchar en la arena!"

La cosa iba a peor. No sólo ya un combate, sino que Alan había dicho "a tu panda de orcos" y un "te desafiamos". La cosa no iba a pintar bien y Januar veía que todos estaban ya en un peligro inevitable. 

Thausam se giró e hizo un gesto a sus compañeros, tratando de que se calmasen. Así que se acercó al orco mientras este seguía hablando.

- Si ese bastón es tan valioso, necesitaré algo que realmente merezca la pena. 

- Mok'rogahn. ¿Te parece bien?- Preguntó Thausam.

- Me ha traído mucha suerte, y gano mucho dinero con... - Pero Gramhar se detuvo al oir las palabras del humano. - ¡Mirad! Es divertido... Acabáis de salvar mi noche. 

El humano parecía saber más de lo que el orco o incluso toda la Orden pensaba, pero el jefe orco seguía hablando.

- En primer lugar, debéis de saber algo. Toooda esta gente.- decía señalando a la enorme muchedumbre e incluso a su guardia.- son más que vosotros. Así que ahora mismo..- chasqueó los dedos, haciendo que un gran contingente rodeara a los elfos.- ..vais a hacer las cosas bien. ¿Os parece?

Bedurion, pausadamente y con una voz calmada se acercó a Januar, posando la mano en su hombro.

- Creo que un enfrentamiento directo no es lo mejor...- dijo, tratando de convencerla de que buscara otra solución.

- Creo que no tenemos elección.- le contestó, mirándolo a los ojos de forma seria y fría. La situación no parecía tener salida. 

- Así que o lucháis...- continuó el orco.- O... Adiós. - dijo bajando el pulgar.

- Bien, ¡a luchar!- dijo Alan, tratando de sacar valor de donde ya no había. 

- Combate por el bastón en la Arena en persona, Gramhar.- Aclaró Thausam.

Silver se tapó la cara con las manos, la situación le podía. 

El orco, al oír la aclaración de Thausam pareció enervarse, alzando la voz de una forma desmesurada y agresiva.

- ¡YO PONGO AQUÍ LAS REGLAS, NO TÚ, HUMANO!

Los miró agresivo, pero de repente comenzó a reir nuevamente como un loco. Cuando se calmó, se mesó la barba y los miró, pensativo:

- Lo primero. he de asegurarme de que aquí no escapa nadie o me la jugáis. Así que quiero dos prisioneros que me aseguren de que vuestra palabra vale.

- Lady Januar... quizás si insultamos su honor acepte un duelo serio, para ganar el bastón...- Dijo Thausam en voz baja acercándose a Januar.

- ¿Y cómo lo hacemos? - le contestó.

El orco se impacientaba, así que movió el dedo en el aire y dijo: ¿No? ¿Ningún voluntario? Muy bien, los tomaré yo mismo al azar. Y si alguien intenta algo.. - Dijo alzando la mano a la vez que el enorme grupo de su guardia levantaba sus ballestas.- Ya sabéis lo que pasará. 

Thausam seguía hablándole a Januar al oído:

- Hay que saber insultar a un orco, y retarle al duelo del Mak es algo que aprendí en la guerra.

Thausam sabía de lo que hablaba. A pesar de no ser un elfo, Januar lo tenía en alta estima. La sabiduría a pesar de ser una raza que ella consideraba inferior, era un don del gilneano y nunca estaba de más oir sus consejos. 

El orco en cambio y se veía decidido y señaló a Januar y a Silver: Tú y tú. 

Silver miró a Januar, encogiéndose de hombros, qué remedio. Januar dejó escapar un suspiro y asintió, dando junto con Silver un paso al frente. Thausam miró a Januar, preguntándose qué hacer.

- Y ahora quiero luchadores. - Dijo el orco.- Y buenos, necesito acallar a mi gente. 

- Gramhar.- dijo Thausam.- Eres un insulto para tu raza.

Vyath, a pesar de su seriedad dejó escapar una risa. Sobre todo al ver como el orco parecía sentir un tic en el ojo por las palabras atrevidas del gilneano.

- Escupes en el honor de tus antepasados. Te reto a un Mak. Sin armas, ni armaduras.- 

El orco escupió al suelo, a viva voz: " Qué sabrá un humano. Tú no sabes nada de mis antepasados."

- ¿No? ¿Tienes miedo?

El orco se incorporó, más si cabía, y lo miró amenazante:

"Muy bien, humano. Tus amigos pelearán, pero ello no supondrá nada para el bastón. Y TÚ Y YO PELEAREMOS" -dijo gritando, casi saliendose de la piel.- SOLOS TÚ Y YO. Y SI MUERES, ME QUEDO A TUS AMIGOS. Y SI VIVES, TE LLEVAS EL DICHOSO BASTÓN.

- Yo no pienso luchar ante escoria orca sin luchar por algo, Gramhar.- dijo Ren desde atrás. Pero el orco parecía fundir con la mirada a Thausam y no escuchaba o miraba más allá de los ojos del gilneano. 

- Acepto, Gramhar.- Dijo Thausam, firme en su posición. 

- Así se hará...  - Dijo el orco, girándose hacia la muchedumbre.- Ánimo amigos, ¡esta noche mi gente tendrá sangre! 

Y así era. Comenzaron a gritar y a saltar a su alrededor como auténticas bestias mientras Gramhar, se giró al grupo una última vez... 

- Y tú, escoria humana... A ti te reservo para el final.

______________________________


TERCERA PARTE

Los orcos se encargaron de empujar al grupo hacia el interior del recinto. Estaba masacrado en parte y la arena tenía tonos rojizos de la probablemente sangre derramada a diario. Colocando a Januar y a Silver en un lado, atadas de pies y manos, los orcos dirigieron al grupo de supuestos luchadores a un lado alejado, pero lo suficiente para que vieran la probable sangre de sus compañeros caer. 

Uno de los orcos empujó a Ren a la arena. Él iba a ser el primero. Ren suspiró, como si le fuera indiferente.

- Supongo que me toca a mí...

La muchedumbre se colocó en las gradas y vitoreaba, ansiosa por ver aparecer al que sería el contrincante del elfo. El contrincante no era otro que un orco esbelto, poderoso. Alto y fornido, el cual se golpeaba el pecho con violencia haciendo entusiasmar a las gradas. En su mano derecha, portaba una pesada maza que dejó caer en el suelo el tiempo justo para hacer crujir los dedos de sus poderosas manos.

- Tú.- Dijo señalando a Ren- ¡Tú serás hoy mi juguete!

Bedurion observaba a Ren junto con el resto de sus compañeros, calmado, pacífico como de costumbre.

- Yo no lucharé, amigos. No atacaré a nadie a no ser que me ataquen...- Dijo con convicción. Estaba en su naturaleza. De todos modos, dudo que a los orcos le importasen si Bedurion entraba o no en la arena. Probablemente con un par de combates fuera suficiente.

Entonces todo quedó en silencio. La muchedumbre que aplaudía calló y sólo se oía el tibio viento que recorría las columnas del lugar. 

Ren desenvainó su espada y trató de adelantarse al orco, con intención de rajar sus rodillas en vano, pues el orco se movió a un lado como si de una ratita se tratase.

- ¿Con ese juguetito vas a pegarme, elfo?- Reía, levantando su pesada maza y tratando de asestarle un duro mazazo en la espalda. Pero Ren era un elfo, y era rápido. Así que lo esquivó y le contestó .

- Un juguete en manos de un niño peligroso, puede ser un arma, orco.

Ren no cesó en su intento de rajar la piel del orco y trató de asestarle una tajada en los lumbares. Por un momentó pareció que le había tocado, pero el orco solo reía. Su piel era grusa y dura, y él un elfo pequeño. Así que al verlo acercarse levantó su maza de forma pesada, intentando dejarla caer sobre la cabeza del elfo por segunda vez. Y una vez más, esquive. 

- Con tan poca velocidad no harás nada.. - Le dijo Ren, tratando de burlarse de él y enfurecerlo. Aprovechando el enorme volumen del orco y sus lentos movimientos, consiguió clavar su espada en el pie del orco, aprovechando la inercia del movimiento. 

Esta vez fue un éxito, pues el tobillo del orco dejó sonar un muy doloroso crujido de hueso roto y a su vez, un alarido de dolor que dejó a las gradas estupefactas.

- Creía que los orcos sabíais luchar.. me equivoqué.

Estaba jugando con fuego. Y fue esa misma soberbia la que hizo que Ren recibiera un duro mazazo en el costado que le dolería por mucho tiempo. Ren se arrodilló del dolor y alzó la mirada, buscando la de Sharly. Sharly en cambio, se tapaba la cara con las manos cuando vio a Ren recibir el golpe, totalmente asustada. 

- Escoria como ésta... no merece ser llamada orco...

En el grupo, junto a sus compañeros, Vyath se mantenía impasible ante la escena, estudiando los movimientos del orco y por qué no, los de Ren. Nunca estaba de más.

-¡VAMOS, VAMOS!- Gritó el Orco, intentando que su contrincante se acercara a él de nuevo... Ren intentó atacar a su yugular, pero el dolor del costado lo hizo flaquear y caer a un lado. El orco aprovechó para propinarle otro golpe que resonó en la arena, levantando polvo para suerte de Ren. Encorvado y tratando de levantar su pesada maza, Ren saltó por la espalda del orco y le revanó el cuello, haciendo que este cayera como un gran peso muerto en el suelo, dolorido y sin apenas movilidad. No sabían si estaba o no inerte. Tampoco dio tiempo a que se comprobase puesto que se lo llevaron con velocidad y arrastras. 

Ren tomó aire mirando al cielo, aliviado.

Silver, junto a Januar, observaba seria el combate y asintió complacida al ver el éxito de Ren.

- No esperaba menos del que me venció en combate. -murmuró Silver.- 


Januar en cambio no mediaba palabra, estaba demasiado concentrada tratando la situación en su mente. 

Gramhar desde las gradas parecía complacido, sobre todo al ver el rostro de sus gentes. 

- No ha estado mal... SIGUIENTE.

______________

CUARTA PARTE

Sharly temblaba cuando la empujaron a la arena... Tendría que luchar. Vyath la observaba caminar, cruzado de brazos. No tenía mucha convicción en lo que la joven elfa pudiera hacer contra un pesado orco. 

Bedurion sin embargo, estaba atento a la llegada de Ren, instándole a que se despojara de sus ropas para curar sus heridas. 

- ¿Estáis bien?- Dijo, tratando de buscar sus mil remedios a base de hierbas para tratar a Ren. 

Mientras tanto, de entre las puertas apareció nuevamente un orco. Pero este era escuálido, y muy muy delgado. Incluso más bajito que la misma Sharly. Pero la muchedumbre estaba en silencio... Un silencio incómodo que daba a entender que quizás el orco no fuera de fiar. 

A Sharly se le escapó una risilla cuando lo vio. 

- ¿Te parece divertido, elfita? Yo a las elfas como tú... - se relamía.- Me lo paso bien con ellas, ¿sabes? Con toooodas y cada una de ellas. 

- Y yo a los orcos le parto la cara.

Januar se tapó el rostro. No sólo tenía un vulgar lenguaje impropio para una mujer de su linaje, sino que además estaba subestimando a su enemigo en la propia arena. Algo no le olía bien. 

Sin embargo, su madre, Silver, miraba desde el otro extremo preocupada. Sharly, veloz, sacó su arco y le disparó una flecha con intención de asestar en la mano del orco. Pero el orco era sumamente veloz y ligero, moviendose con rápidos movimientos alrededor de la chica, esquivando su ataque y tratando de asestarle una patada en la cara.

- ¿Qué diablos pensábais cuando la concebisteis?- Dijo Januar a Silver de manera fría, mientras observaba el combate. También observó el grupo a lo lejos, observando a sus compañeros en la arena. 

Y Vyath se mantenía silencioso, al igual que la muchedumbre. Sabía que no había que infravalorar a ninguno de los orcos en ningún momento. 

El orco, acertó en su golpe de lleno y Sharly dejó escapar un fuerte grito de dolor... Ren dio un paso al frente observándola...

- ¡Sharly!- Pero sus compañeros lo detuvieron, no podía hacer nada. 

- Pensaba en tener una hija... - dijo Silver a Januar.- nada más. 

- Hijo... de ogra.- dijo Sharly al orco, como si eso fuera a afectarle.

- Eso ha debido de doler.- decía Alan, haciendo una mueca de dolor. 

Sharly se tocó el labio, sangrante. Tiró el arco al suelo enfurecida. No le serviría de mucho y lo sabía. 

El orco le sonreía, no dejando de comérsela con la mirada:

- Me han dicho que si te mato, puedo quedarme con tu cuerpo.- dejó escapar mientras daba saltos de felicidad, como un loco, relamiéndose a la vez.

Sharly enfurecida se tiró como una loca hacia él y le propinó un buen puñetazo en la nariz del orco, atrevida:

- ¿Qué decías de las elfitas?

Al orco eso no pareció gustarle nada. Sus juguetes no tenían derecho a tocarle sin que él lo consintiera. Por lo que raudo y veloz, saltó sobre la cabeza de la elfa y comenzó a arrancarle dolorosamente el pelo. Algunos trozos de pelo se los comía mientras Sharly gritaba de un lado a otro, tratando de quitarlo de sobre sí misma. Silver no podía seguir mirando lo que le estaban haciendo a su propia hija, por lo que se refugió en el hombro de Januar mientras esta última miraba el combate esperanzada. 

Sharly le dio una patada con fuerza para quitárselo de encima, una patada que pareció ser dolorosa y en una zona bastante íntima. El orco gritó y gritó... 

- Ahora verás... - Se bajó las ropas y corrió hacia la elfa, tratando de ahogarla dando un salto y agarrando la cabeza entre sus piernas. Y así lo hizo, salto con ambas piernas alrededor de su cabeza y la tiró al suelo, con tan mala suerte que el golpe contra el mismo dejó inconsciente a Sharly. 

- Síííííí, ¡síííí!- gritaba el orco.- MÍA, MÍA, MÍA.

Algunos del grupo se tapaban la boca con las manos. Otros no miraban. Vyath sin embargo, no reaccionaba y parecía impasible. La situación era tensa y se tornaba cada vez más extraña. 

- ¿Me la puedo llevar, puedo, puedo? - Decía el escuálido y enfermizo orco.

- Aún no, orco. Cuando el combate acabe, si siguen vivos puedes hacer lo que quieras con quien quieras. Pero no en mi Círculo. - Dijo Gramhar, desde lo alto.

El orco se marchó lentamente, no quitando la vista a la elfa y maldiciendo. Temía demasiado a Gramhar como para desobedecerle, pero no se alejó demasiado, sino que se escondió tras una columna deseoso a que los combates acabaran. 

Mientras tanto el cuerpo de Sharly permanecía inconsciente en el suelo. Bedurion y Alan se acercaron rápidamente a retirar el cuerpo de Sharly, temerosos de que la pisaran en los siguientes combates. Ren sin embargo, estaba inmovil por el mazazo de dolor y las curas de Bedurion. 

____________________

QUINTA PARTE


- Siguiente.- Dijo Gramhar, volviendose a sonar las puertas en un estruendoso rechineo que dejó ver a lo lejos a un orco distinto a los anteriores. No parecía un orco que destacara por su tamaño, pero tampoco era pequeño. Su apariencia era tranquila, y vestía una toga roja. Llegó caminando y situándose en el centro de la arena. 

- Veo que es hora de luchar, mis queridos contrincantes. - Dijo observando al grupo de elfos, en especial a Vyath, quien no le quitaba la mirada. - ¿Quién será mi rival? - Preguntó con las manos en la espalda. 

Vyath alzó el paso, acercándose a él y al que parecería ser su combatiente. 


Bedurion mientras tanto, trataba de curar o reanimar a Sharly, al igual que no paraba de moler hierbas y más hierbas de su bolsa de forma frenética, tratando de restaurar a sus compañeros. 

Ren miraba a Sharly, preocupado y luego buscaba con la mirada a Bedurion...  "¿Cómo se encuentra?"

- Se pondrá bien, pero hay que parar la infección. 

- Hay algo que pueda hacer.. - dijo Ren, tratando de hacer algo útil por ella.

- Necesitaría un puñado de hierbas para que el remedio sea más efectivo... Pero no nos dejarán salir ahora.

- E-entiendo...

- Toma.- le acercó un mortero- ¿puedes moler estas hierbas con fuerza?

Ren estaba abstraído, pensante. No se encontraba bien.

- ¿Qué le ocurre? - dijo Bedurion con el mortero en la mano, impaciente.

- Sí... sí.

- He sanado los graves cortes, pero tiene una fuerte infección.- dijo mientras observaba como Ren molía las hierbas. 

Mientras tanto en la arena, Vyath se enfrentaba al orco...


____________

PARTE SEXTA


- Mi magia.. No será misericorde contigo, elfo. - Dijo remangando sus togas y alzando sus manos hacia Vyath.

- Tu magia me da absolutamente igual.- dijo lanzándose hacia el orco, fijando principalmente su mirada en las manos del mismo, con la intención de doblarlas hacia atrás con fuerza y probablemente, desencajarle las muñecas debido a la falta de armas. 

Un crujido que hizo estremecer a media grada resonó en toda la arena, acompañado por un orco que ahora aullaba de dolor. El orco había esperado que Vyath sacara armas para combatir, por lo que cuando se lanzó sobre él sin absolutamente nada lo pilló por sorpresa. 

El orco se movió a un lado tratando de evitar al elfo y alzó el brazó, con la mano semi rota, tratando de infundir una bola de fuego hacia Vyath. Vyath dio entonces un salto hacia atrás, tratando de apagarse cualquier llama del resto del pecho y apretando los dientes, dolorido. 

Vyath se acercó nuevamente al orco, analizandolo rápidamente y alzando la mano en posición vertical para luego dejarla caer con fuerza sobre el esternocleidomastoideo del orco, provocando así descolocar su punto vital y desactivar, con suerte, la parte derecha del cuerpo. 

Más gritos de dolor. El combate estaba siendo altamente favorable para Vyath debido a sus precisos movimientos contra el mago y en el ambiente se notaba. 

_______

SÉPTIMA PARTE


En mitad del combate, Alan y Bedurion discutian sobre el uso de las hierbas de forma calurosa.

- Una cosa es curarla, otra pararla.- Decía Alan.- Las hierbas pueden usarse para curar, debemos hacer algo para detener la infección. 

-No.- decía tajante Bedurion- Estas hierbas detendrán la infección. La herida ya está cerrada.- decía mientras le mostraba el corte. 

- No me refería a la herida. 

- Bien. Déjame ver como lo llevas.- dijo a Ren que seguía con el mortero. - Bien, bien...- le agarró las manos. - ¡Para! Ya está listo..- 

Al otro lado, Silver movía la cabeza de un lado a otro preocupada por su hija...

______

OCTAVA PARTE

Vyath seguía en el combate. El orco estaba con las manos rotas y el hombro y cuello practicamente dislocados y apenas podía moverse. Por lo que alzó sus muñecas como buenamente pudo y sus ojos se tornaron blancos, intentó empujár a Vyath como si del propio viento se tratase, pero no servía, Vyath era ágil y él estaba demasiado herido. Vyath intentó asestar un par de golpes más, algunos que si hubiera resultado habrían sido de hecho mortales. Pero el orco ahora corría, y se movía de una forma veloz por el propio instinto de supervivencia que le empujaba. 

En uno de sus movimientos consiguió y sí esta vez, empujar a Vyath con lo que parecía haber sido una bocanada de aire de sus rotas manos, hacíendo que Vyath, cansado del malgasto de energía, cayera hacia atrás. 

- ¡Un sucio elfo no me quitará el título de campeón de Nagrand!" Dijo levantándose, pues su magia le había tumbado al igual que había hecho con Vyath. Sus ojos se tornaba rojos, llenos de furia. Ansiaba la muerte y sangre de Vyath con todas sus fuerzas, por lo que puso sus manos en dirección al cielo. Un cielo ensombrecido por la caída de la noche y que se le presentaba oscuro. Como si de los mismos cielos se tratasen, comenzó a caer un torrente de nubes que rodeaban a Vyath. El orco no quería otra cosa sino que congelarlo, de pies a cabeza, para dejarlo a su merced eternamente en un cubo de hielo macizo. Mientras hacía esto en cuestión de segundos, gritaba. 

Vyath no era tonto. Había visto a Januar hacer eso miles de veces por lo que se movió rápido, con una velocidad inaudita de su sitio, aprovechando para atacar al orco. El orco estaba desesperado, casi sin fuerzas, sin saber como estaba esquivando aún los ataques del elfo. Así que en un último intentó, se avalanzó sobre su cuerpo con la intención de poner la mano en su pecho y generar una lanza de hielo que lo atravesara. Pero esa fue su perdición, pues Vyath aprovechó su cercanía para arrancar uno de los trozos afilados de las hombreras que cubrian su cuerpo y atravesar la garganta del orco. 

La tajada fue profunda y llenó la arena de sangre, al igual que la muchedumbre no tuvo más remedio que vitorear aquella muerte tan lograda. Vyath atravesó la garganta con fuerza y una vez hecho, retiró el filo, mostrando una sonrisa y colocando la mano por la herida abierta del orco ya moribundo, sacándole la lengua y abriendole las tripas para asegurarse de que lo dejaba caer en el suelo inerte. 

Secó la sangre de sus manos con la misma arena y se alzó, observando las gradas que ahora lo vitoreaban. 

- No lo ha hecho mal... Nada mal.. -dijo Ren, a pesar de la adversidad que existia entre él y Vyath.- 

Vyath pasó por su lado, algo cojeante. 

- Tú tampoco lo has hecho mal, Ren. - dijo mientras olía la sangre verde de sus guantes, la cual apestaba igual que los mismos orcos.

- Quiero un último combate.- Gritó Gramhar, desde las gradas. 

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NOVENA PARTE

Alan miro a ambos lados y suspiró, tendría que ser él. Bedurion seguía tratando de reanimar a Sharly y no quedaba nadie más. Así que dio un paso al frente. Por suerte, Sharly ya había vuelto en sí y pedía que le ayudasen a reincorporarse un poco.

- Gracias, Bedurion...- dijo mientras se apoyaba en Ren, el cual estaba totalmente atento a la elfa. 

Por la puerta aparecó una orca, imponente. La cual portaba una afilada hacha que dejó a un lado mientras sonreía al ver al elfo. 

- ¿Tú eres mi contrincante?- le dijo. Alan miraba ala Orca con cara de pocos amigos- Ven aquí, cariño- dijo lamiendo el filo de su hacha. 

- Qué asco...- dejó escapar Alan.

Vyath se llevó la mano a la cara ante semajante falta de feminindad de la orca. 

- pero no voy a ser yo el que vaya a por ti...- dijo Alan, tratando de conjurar un hechizo estelar contra la orca. 

La orca se movía rápida, dispuesta a cortarle en dos mientras Alan mostraba sus dientes y gruñía. Alan en cambio estaba seguro de que no le atraparía y se movía veloz, esquivándola con facilidad. 

- No te apartes de Sharly, Ren.- Ordenó Bedurion mientras enfocaba ahora su ayuda a Vyath.

Alan en cambio, intentaba inutilmente levantar raíces o algo que se asemajara de la arena para atrapar a la orca, obviamente sin éxito. La orca miraba la tierra intentando levantarse en vano y reía.

- ¿Qué haces..?

- Gné, lo suponía... - suspiró Alan.

Entonces Alan movió su cuello lentamente, crujiendolo, y a medida que se iba postrando en el suelo, sus manos se conviertieron en coces. Su cuerpo, robusto, y de su cabeza los cuernos que ya de por sí asomaban en forma élfica, se tornaron más voluptuosos y firmes, dando a ver ahora, ante todo el público, su forma drúdica de la cornamenta. 

Mientras tanto, Thausam y Vyath hablaban...

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DÉCIMA PARTE

Vyath se acercó a Thausam, silencioso y cauto, tratando de que su voz fuera lo suficientemente audible únicamente para el gilneano.

- ¿Lo habéis hecho?

Thausam negó con la cabeza, suavemente.

- No puedo hacerlo, Vyath. 

- Entonces lo haré yo. ¿Tienes algún problema respecto a ello?

- Le he retado a un duelo de honor, y es algo que ellos respetan, y yo respeto. 

- No digo que desconfíe de ti, pero son orcos con enormes habilidades y nos estamos jugando la vida, la vida de todos.- dijo señalando a sus compañeros.- Si no ganas, nos quedaremos como esclavos. Sólo prométeme una cosa, o untas el veneno en tus garras o pelearás por una vez como un huargen de furia desmedida. 

Thausam miró de forma fija a Vyath y sólo dijo:

- Seré como un lobo de verdad...


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UNDÉCIMA PARTE


En la arena, Alan seguía su combate, saltando de un lado a otro y evitando los golpes de la orca. Cargando con sus cuernos hacia ella, consiguió asestarle un fuerte golpe que hizo gruñir a la orca. 

- Eso no me ha gustado... Ahora te comeré de cena, tú y tus ricos cuernitos.- dijo lanzándose sobre él, con intención de cortarle una pata. Pero con tan mala suerte que la fuerza desmedida con la que trató asestarle el golpe hizo que su hacha volara de su mano, demasiado lejos. - ¡Te remataré con mis propias manos, entonces!

Alan sin embargo no era un druida violento, nunca lo había sido. No al menos para matar a nadie. Así que trataba de invocar a los vientos para golpear al a orca y hacerla caer. No lo consiguió, pero seguía intentándolo. 

La orca sin embargo estaba decidida a no perder, y parecía entrenada ya en arduas batallas como para dejarse pisotear por un druida como Alan. Por lo que cargó contra él, tratando de propinarle un cabezazo desmedido. 

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DUODÉCIMA PARTE


- Puedes contar con ello. Y si voy a caer... Ya sabes lo que hacer....- dijo Thausam. 

Vyath asintió. 

- Por cierto, buen combate. - Dijo con una sonrisa, a pesar de que probablemente sabía lo que le esperaba.- ¿Cómo está tu pierna?

- Me encantará ver como le desgarras los músculos con esos colmillos. No os dejaré aquí, y me buscaré la vida como sea. Y gracias, mi pierna ha sido solo un tirón, nada del otro mundo... 

- Le echaremos un vistazo cuando salgamos de aquí con el bastón. 

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DÉCIMO-TERCERA PARTE

Alan continuaba saltando de un lado a otro y evitando a la orca cada vez más enfadada, la cual por desgracia, consiguió cargar contra él asestándole una patada en el estómago. Pero Alan no cesaba y le corneaba duramente, golpeando a la orca contra la pared. 

- Y ahora... se acabó todo para ti.. - La orca corrió hacia él, respirando como una bestia sin descanso y limpiando la sangre de su boca escupiendo al suelo. Salto en el aire, propinándole una patada con ambas piernas en su pecho que golpearon al druida como si fuera un muñeco de trapo, haciéndolo caer al suelo de forma sonora y probablemente dolorosa. 

Alan no se movía. El combate había finalizado. Urgente, sus compañeros lo sacaron de la arena tratando de comprobar si seguía con vida. En efecto y por suerte así era, pero la orca le había dado una dura paliza, la cual alzaba ahora las manos y gritaba, sintiéndose abrumada por el gentío. 

Gramhar había conseguido lo que quería, su pueblo ahora estaba altamente satisfecho y vitoreaba. Entonces Gramhar detuvo a la orca, la cual se acercó al elfo para rematar el trabajo. 

- No. El combate a finalizado. - Dio un paso al frente y saltó a la arena, imponente- Los combates para los espectadores no son a muerte si el contrincante está inconsciente. Además... Tengo un asunto pendiente.- dijo señalando a Thausam.- ¡TÚ!


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DÉCIMO-CUARTA PARTE


Thausam asintió humildemente, recibiendo unos leves toques en la espalda de Vyath.

- Es mi turno... Nos vemos luego, Vyath. Del modo que sea.

- Tú te has atrevido a mancillar mi nombre y mi raza. Hoy, el combate a muerte bajo el cielo de Nagrand será entre tú y yo. Sin armas.

El orco comenzó a soltar sus pesadas y brillantes armaduras al suelo, las cuales caían de forma pesada sobre la arena del círculo. Le miraba con cara de pocos amigos, observando como el humano tiraba su baston a un lado y se deshacía de sus vestimentas de druida, dejándose solo unos pantalones para cubrir, muy sencillos. 

El pecho fornido de Thausam relucía, cosa que sorprendió al resto. Siempre se había mostrado como un gilneano tímido, callado, nada problemático. Siempre había sido la voz de la conciencia y había actuado de forma humilde y lejos de toda violencia. Y ahora, se mostraba imponente abriendo sus manos, tornando su piel a un pelaje grisáceo y dejando entre ver un largo morro que ahora sustituía su rostro. Se transformó en su forma huargen, para sorpresa de todos los orcos que tan solo lo habían visto como a un raquítico humano. 

- Vamos, ¡chucho!

El grupo observaba sorprendido a Oliver Thausam, sin ver resquicio alguno de la persona que conocían. Era la esencia natural de la furia de un huargen, el cual no perdió el tiempo y, chocando las garras entre sí, se impulsó con sus patas traseras para abalanzarse como un salvaje sobre el orco, rugiendo. 

Incluso Silver, la cual había estado durante los combates tratando de preocuparse más por la seguridad y salud de su hija que del resto, miraba el combate ahora, sorprendida por ver tal salvajismo. 

Thausam golpeó la cara de Gramhar con un puñetazo, acompañado de otro rugido y el orco recibió con dureza el ataque del huargen, dejando escapar un alarido de enfado. 

Sin embargo el orco estaba entrenado, y sus músculos eran enormes y fuertes, por lo que junto sus manos y golpeó la cabeza del huargen con ambas sin piedad alguna. 

Thausam cayó de rodillas, sin apartar su furiosa mirada del orco e intentando que sus garras se abrieran paso por el torso del orco. El orco rugía por el ataque del huargen y le propinó un fuerte golpe en la pierna al gilneano. 

- Grr... - Thausam le miró y no decía nada, solo volvió a saltar como un depredador salvaje con las garras directas a sus hombros. 

La muchedumbre andaba confusa. A ratos animaban a su jefe, y a ratos callaban. Si su jefe moría, las cosas serían muy distintas y se encontraban sin saber cómo reaccionar. 

El orco vio venir al huargen y se movió a un lado, aprovechando su movimiento veloz y mordiendo a este en el cuello. Gramhar atacaba como un loco, con una furia desmedida y tratando de dar puñetazos más duros en el estómago del huargen, el cual, herido, tuvo que verse obligado a retroceder y a gimotear dolorido.

Todos estaban estupefactos observando a Thausam, le estaba echando cara. Silver estaba preocupada por el combate e intercambiaba miradas con Januar, la cual también se hallaba altamente sorprendida por el huargen y su valor ante tal bestia.

Vyath confiaba plenamente en Thausam, a pesar de ver que estaba saliendo bastante mal parado del combate. Oliver volvió a saltar al orco, embistiéndolo con todas sus fuerzas. 

El orco en efecto, cayó a un lado, levantándose y limpiando su masacrada cara de arena y mirando a la muchedumbre que parecía no confiar ya en él.

- NADIE. Nadie me vencerá.- hizo un gestó al aire con su mano y uno de los orcos le lanzo una ballesta con la que ahora apuntaba al huargen. Había hecho trampas. A pesar de que el combate era fiero y estaba igualado, incluso aún sabiendo que era más fuerte y poderoso que el huargen, no quería riesgos. 

Oliver Thausam miraba al orco furioso y le gruñó enfadado, ese no era el trato. 

- Buenas nocheeeeeeees.- Sonó una voz a lo lejos por la puerta principal. Todos, incluido Gramhar, se giraron a observar quién se había atrevido a pisar la arena.


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DÉCIMO-QUINTA PARTE


- Perdón por la tardanza.- dijo, inclinándose, Rienthal. 

Januar fulminó con la mirada al Altonato, ¿dónde diablos había estado y qué diablos estaba haciendo ahora irrumpiendo allí, jugándose la vida de Thausam?

Thausam miraba intermitentemente al orco y a Rienthal, sin saber claramente qué hacer. 

A Gramhar las manos le temblaban, sumamente enfadado y sin comprender nada.- ¿¡Quién te ha dejado pasar a mi combate?! - parecía enervado, y muchísimo. Apuntando de nuevo a Thausam con la ballesta con intención de atravesarlo con la flecha. 

- ¿Quién es el culpable de que no haya sido invitado al a fiesta?- Observaba con el ceño fruncido a los miembros de la Orden.

- No es el momento, maldita sea... - dijo Januar, tapándose la cara con las manos y temiendo no ya por la inminente y posible muerte de Thausam, sino por el destino de toda la Orden. 

Thausam volvió a centrar su mirada en el orco, el cual no bajaba la ballesta pero, sin embargo, estaba expectante por saber quién se había atrevido a pisar su arena. 

- Veo que intentáis abusar del lobo. Típico de un orco, siempre van a lo fácil.- Dijo Rienthal, con toda la pasividad del mundo, recorriendo la arena y mirando a la gente.

- ¡Rienthal! ¡No compliques más las cosas! - le gritó Silver. 

- No me gustan que vengan a destrozar mi combate. Y ahora moriréis. TODOS. - El orco parecía decidido a disparar a Thausam a la cara, sin contar que la intervención de Rienthal lo había distraído para no percatarse de que el lobo estaba saltando sobre él, haciendo le caer la ballesta y enganchándose a su cuello. 

- Creo que no te gustaría verme enfadado. - decía Rienthal, sonriendo a la muchedumbre y dejando escapar llamas de ambas manos.- ¿verdad?

El gentío comenzó a movilizarse rápido de un lugar a otro, lo que descolocó a los guardias de Gramhar que comenzaron a ser pisoteados mientas las gradas ya ardían de forma escandalosa. 

Rienthal había comenzado a prenderle fuego a todo mientras sonreía como un loco, haciéndole poco caso a los gritos de sus compañeros. Silver dio un sonoro silbido que hizo aparecer a su sable, Nabil, de entre sus compañeros y lanzarse sobre el orco que ahora se hallaba en el suelo. Poco quedaría ya del orco que no hacía más que gritar en el mismo suelo. 

Vyath aprovechó el revuelo y se desvaneció en sumo silencio, sin que nadie notara su presencia o ausencia. Mientras tanto, Januar y Silver trataban de deshacerse de sus amarres sin mucho éxito. 

La gente gritaba y corría, temiendo que las llamas les alcanzasen. Aterrados, intentaban huir a costa de pisotear a los suyos. 

- ¡Ahora sí! ¡Esto estaba muy desanimado para ser una fiesta!- Seguía gritando el piromante.

- Este loco nos va a quemar a todos vivos aquí.- Decía Januar intentando soltar los amarres de sus manos mientras miraba a Silver, asustada.- Maldita sea...

Bedurion entonces corrió hacia el inconsciente Alan y lo cargó, haciéndole una señal a Ren para que hiciera lo mismo con Sharly...

- ¡Vamos, vamos, vamos!

Silver miró a Januar, incorporándose y ayudándola a pesar de sus amarres.

- Hay que salir de aquí, ¡venga todos! ¡Fuera!

- Pero no huyáis.... sólo es fuego.- decía tranquilamente, disfrutando de la imagen sin cesar en su intento por llenar el círculo de llamas. 

- ¡Si quieres disfrutar del paisaje disfrútalo! ¡Yo al menos prefiero no estar aquí!

- Maldito loco, desátanos, imbécil. - le gritó Januar. Pero Rienthal estaba demasiado animado y no oía nada ni a nadie. 

Thausam, incorporándose ante el cadáver del que había sido su enemigo, se acercó a las elfas atadas y con un zarpazo rompió sus cuerdas, cargándose a Januar al hombro. 

- ¡Ah!... - gritó la elfa al ver que se encontraba en el hombro del huargen y corría, saliendo del Círculo que ahora era solo un montón de llamas y gritos. 

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ÚLTIMA PARTE

Corrieron durante unos minutos, hasta que ya el fuego no les era peligroso y se detuvieron a coger aire, con la respiración alterada y aún nerviosos por lo sucedido. Desde lo lejos, Thausam miraba las llamas y gruñía, pasando su mirada a Rienthal con cara de pocos amigos. 

- ¿Sí?- Decía Rienthal, impasivo ante la mirada del huargen, el cual solo le mostraba los dientes. 

Pero faltaba alguien... ¿dónde estaba Vyath?

Sus preguntas pronto tuvieron respuesta cuando a lo lejos, con heridas del fuego, apareció Vyath que se derrumbó al instante, bastón en mano.

- ¡El bastón! - Exclamó Bedurion.- Todos hemos salido con vida, es lo importante... 

Januar ayudó a Vyath a incorporarse, el cual aún estaba conmocionado y mareado por los humos del fuego, sumado al agotamiento del combate y el día. 

Todos estaban a salvo. Algunos peor que otros, pero lo importante es que habían salido todos con vida. Rienthal, como de costumbre, intacto y sonriente. Thausam, aún en su forma de huargen, pero en pie. Silver abrazaba a su hija y suspiraba al sentirla de nuevo entre sus brazos y Bedurion, calmado y sonriente, como druída pacífico y serio que siempre era, miró a Januar, aun sin dejar de cargar al inconsciente Alan. 

- ¿A donde nos dirigimos?

Januar tenía el bastón en su mano, apretándolo con fuerza, mientras observaba al grupo y una vez más a Vyath sobre sí. 

- A Telaar... En marcha.

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