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Amor de un nuevo día

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Arathi10.jpg


En las alegres llanuras de las Tierras Altas se encontraba el Condado de Norfork, Lautom a sus dieciséis años de edad rondaba por la biblioteca como era costumbre en él. Le fascinaba la heráldica del reino de Arathor y la cultura de los Altos Elfos por lo tanto se ponía a leer sobre ello aunque a su padre nunca le gustó su afición a la lectura, ya que como buen arathoriano debía empuñar una espada y entrenar para la batalla.

Lautom ya había empezado a ignorar los deseos de su padre hacía su futuro, le entristecía que no comprendiera lo que en verdad le gustaba y a pesar de que nunca estuvieron muy unidos le hubiera gustado algo más de atención por su parte. Comenzaba a oscurecer en el condado y las estrellas empezaban a mostrarse en el cielo, Lautom prendió un yesquero y encendió una vela con él para iluminar la biblioteca. Mientras continuaba con su lectura Lautom notó las pisadas de fuera, sabía perfectamente quien se acercaba, sonrió y se acercó a la ventana confirmando sus sospechas. Era Emilia Aguilera hija del conde de Somen, para su desgracia las dos familias estaban divididas y en una oculta enemistad por lo que la presencia de Emily era cuanto menos peligrosa.

Lautom salió de la biblioteca y bajó con disimulo por las escaleras ya que temía que alguien sospechara de su conducta como ya había pasado muchas veces. Su padre le tenía muy controlado, le gustaba tener todo bajo control y sobretodo que su hijo no se metiera en problemas, Lautom estaba frustrado pero nunca mostro su inconformidad a su padre por el miedo y respeto que él influía.

Salió al patio principal y ocultándose de los guardias que custodiaban la puerta se escabullo por la puerta trasera donde de vez en cuando pasaban para hacer la ronda. Al salir vio como Emily la esperaba con una sonrisa, Lautom le devolvió la sonrisa y se presentaron con un acogedor beso y el roce de sus frentes, una mirando a la otra.

Lautom mantenía un romance en secreto con Emily, se conocieron en la entrada de la Corte arathoriana y desde entonces mantuvieron en secreto su relación ya que ninguno se atrevía a contarles a sus padres sus deseos con la otra persona.

Los amantes se alejaron del condado por miedo de que les pudieran descubrir y se retiraron al sur en caballo dirigiéndose al faro Constan donde raramente solía haber gente merodeando por los alrededores. Cuando llegaron los amantes se sentaron en el banco. Desde el banco podían apreciar los hermosos acantilados de las Tierras Altas y el colosal puente de Thandol que dividía las Tierras Altas con Los humedales.

Lautom bajó la mirada algo cansado a lo que Emily acarició su cabello para animarle; tener que viajar tanto para estar a solas se le hacía frustrante a Lautom, pero el amor que profesaba a Emily era tan inmenso que no le importaba recorrer todo Azeroth para estar con ella.

-Nunca me cansaré de estas vistas…-Rompió el silencio Emily sin borrar la sonrisa de su cara, ella era una mujer optimista y no soportaba ver a su amante con esa tristeza.

-Ni yo…- Contestó Lautom al cabo de unos segundos y sonrió, recordando porque estaba ahí  ---¿Algún día nos veremos en público, sin peligros y con felicidad…amor? –miró a Emily-

Emily trago saliva y miró al frente dejando escapar un leve suspiro.-Quien sabe Lau…-.bajó la mirada y se apoyó en el hombro de Lautom a lo que este le rodeó el cuello con el brazo y la besó en la frente.

-Oh -dijo Emily- Te he traído un regalo- sonrió y sacó una figura de papel, la figura era un raptor común de las Tierras Altas que estaba decorado con hojas de distintos colores. Seguidamente se lo dio a Lautom, dedicándole un beso en la mejilla- ¿Qué te parece?-

-Es…es perfecto, amor- sonrió como un adolescente enamorado y abrazó a Emily con ternura mientras observaba las vistas.

La noche iba pasando y los amantes iban hablando de la actualidad del reino, de la situación de los trols…del amor…del dinero, una serie de temas fueron pasando mientras no notaban el tiempo pasar a su alrededor, la brisa era cálida y el mar danzaba tranquilo creando una atmósfera relajante.

Emily sonrió y miró a Lautom con una pizca de pasión en sus ojos.-Lau, quiero que me prometas una cosa.-Lautom miró a Emily sin decir nada, simplemente se limitó a mantener su sonrisa de adolescente- Un día construiremos una casa al lado del faro, y podremos ver a cualquier hora…día y noche estas vistas…a veces subiremos al faro y disfrutaremos de la brisa, y nos casaremos aquí en público con nuestras familias juntas.- Lautom bajó la mirada unos instantes ya que era consciente de que eso no iba a ser posible, al cabo de unos segundos Lautom miró a Emily y sonrió- Te lo prometo- Se limitó a decir mientras seguidamente le dio un profundo beso.

El amanecer salía al fin y los amantes se miraron con una tristeza en su rostro, sabían que no se volverían a ver hasta dentro de una semana.-La semana que viene nos encontraremos aquí. ¿Vale?- dijo Lautom, a lo que Emily sonrió y asintió con una sonrisa.

Los dos se fueron, cada uno por su lado mirándose mutuamente como cada uno se alejaba por las llanuras de las Tierras Altas.

Lautom volvió al condado con una sonrisa, aunque sabía que su padre posiblemente ya se había enterado de su salida. A Lautom no le importaba lo que pensara su padre, en el fondo sabía que le gustaba su comportamiento rebelde y algo arrogante. Se dirigió a las puertas del condado donde los guardias le miraban con un rostro serio y sin decir media palabra Lautom entró al patio principal donde le esperaba su padre de brazos cruzados mirándole con un gesto de decepción.

Lautom miró a su padre impasible y asintió lentamente con su cabeza para sí mismo, sabía lo que le tocaba ya que el castigo común de su padre era encerrarlo en su cuarto durante un par de días, aunque tampoco le importaba mucho ya que tenía escondidos libros para la ocasión.

Lautom apretó los puños cuando estaba frente a su padre, sabía que nada bueno mostraba su mirada, alzo levemente los ojos y miró a su padre algo intimidado, éste le dio un manotazo a su hijo y se retiró lentamente sin pronunciar media palabra lo que a Lautom le hizo rabiar, no el hecho de que le diese un manotazo como tantas veces había hecho, si no que ni siquiera le dirigiera unas palabras de decepción, o de enfado.

Suspiró y se fue a su habitación seguido de un guardia quien sería el que custodiaría su puerta durante un par de días.

Lautom se tumbó en la cama y suspiró mientras reflexionaba sobre las palabras de Emily, sonrió a si mismo ante la idea de tener una casa por pequeña que fuera cerca del faro, donde tanto tiempo había pasado con Emily.

La idea era descabellada de por sí, ya que primero tendría que unir a las dos familias y eso de por si era imposible, sabía que Emily era consciente de ello, pero había hecho una estúpida promesa y sabía que no la iba a poder cumplir.

Bajó la mirada con los ojos vidriosos y echó a llorar ante la desesperación de no poder hacer nada, Lautom odiaba llorar ya que si su padre oía cualquier tipo de sollozo de inmediato iba a corregir su conducta, todo por mantener la dignidad de la familia, en ese caso tuvo suerte y el guardia que estaba custodiando la puerta no avisó a su padre de su conducta, o quizás no había ningún guardia custodiando la puerta.

A los dos días siguientes su padre levantó el castigo de su hijo lo que no quitaba que siguiera manteniendo su postura y siguiera ignorando por completo a su hijo a lo que Lautom ya se había acostumbrado.

Llegó el día de volver a ver a Emily, Lautom sonrió durante todo el día haciendo notar la felicidad del evento por lo que los guardias y residentes notaban raro la conducta del joven noble, a lo que Lautom no disimuló su estado de ánimo. Al llegar la noche Lautom como era costumbre se deslizó por las escaleras para evitar al servicio que andaba vigilando por los pasillos y haciendo sus quehaceres, se dirigió a la puerta trasera, donde tuvo que sobornar a su guardia y amigo Brones quien era de confianza para él.

Cogió las riendas de su caballo y galopó hacía el faro de Constan donde la esperaba Emily. Cuando llegó sonrió ampliamente al ver que Emily le esperaba con un traje de seda colorido, los amantes se sentaron en el banco y se miraron mutuamente, Emily no parecía tan feliz como de costumbre, Lautom lo notó al primer momento y le preguntó sin pensarlo, Emily miró a Lautom y le acarició la mejilla.

-Soy yo…Lau- derramó una lágrima –Soy yo…el galeno de la corte me ha visto mi estado y estoy enferma, me queda poco tiempo…un año, quizás.- Lautom se estremeció y arrugo el rostro con los ojos vidriosos, no se podía creer lo que oiga, sin pensárselo abrazó con fuerza a Emily y echó a llorar como si fuera un niño, algo impropio de un hombre de su edad y estado social. ----Emily…-Siguió sollozando -

Emily sonrió con tristeza y acarició el pelo de su amado con delicadeza.-Lo siento…Lau, lo siento…te amo demasiado como para no decírtelo, siento tener que romper nuestra promesa.- dijo Emily y le dio un beso en la mejilla-

-No dejaré que te vayas amor...no lo haré, eres la Luz de mi negro y oscuro mundo…no pueden separarnos, eres lo que me hace levantarme cada día, lo que me hace soportar a mi padre…Emi.. -ahogó otro sollozo, entre las lágrimas. –Quiero verte mañana…y hablaremos de esto. ¿Me lo prometes? –

Emily se quedó en silencio durante unos segundos y miró fijamente a Lautom asintiendo.-Te lo prometo, Lau- los dos sonrieron mutuamente mientras las lágrimas se desprendían de ellos como un río de agua.

Se quedaron abrazados y acurrucados en el banco en silencio mientras observaban las estrellas y más tarde el amanecer de un nuevo día mientras la suave brisa recorría los acantilados y el faro desprendía un foco de luz hacía el océano. Emily susurró a la oreja de Lautom, mientras este se quedaba dormido. –“Todo está bien”- sonrió y acarició el cabello de Lautom mientras este se quedaba dormido.

Cuando Lautom se despertó Emily ya no se encontraba ahí, al regreso al condado se encontró a su padre en las puertas del mismo algo que le sorprendió bastante ya que no solía salir del condado a no ser que tuviera una “interesante” reunión con algún noble.

Desmontó del caballo y se dirigió a su padre, mirándolo fijamente y con los ojos rojos de la anterior noche, su padre miró a Lautom con la cabeza bien alta.

        ¿Son lágrimas eso que veo, chico? –su padre negó con la cabeza - Estoy harto, Lautom.  ¿Has estado con ella, no es cierto? Un guardia me lo acaba de decir, quiero que la dejes de ver, su familia es rival nuestra. ¡¿LO ENTIENDES?! ¿Sabes la pérdida que nos está costando la familia Aguilera a nuestros viñedos? ¿Sabes todo el odio que nos tienen? Hijo, lo que tienes con esa chica no es amor, solo hace lo que su padre quiere que haga.- Terminó el discurso y miró a Lautom, esperando una respuesta por su parte-

Lautom apretó los dientes y miró fijamente con un odio indescriptible a su padre. -¡La amo, padre!- dijo con valentía, a lo que el padre le respondió con una bofetada- Idiota, es tu dinero el que quiere y la ruina de nuestra familia.

-No…¡No padre! Crees que lo sabes todo, pero lo que dices no es cierto, yo la amo y quiero que casarme con ella. ¡Eres tú el que no lo entiendes! Siempre piensas lo peor de la gente, quieres que todos encajen en tus planes y dirigir a cada uno de nosotros, pero yo no quiero ese camino…padr…-bajó la mirada y negó para sí mismo-

Su padre alzó una ceja. –Se acabó hijo, a partir de ahora no saldrás sin una escolta y nunca volverás a ver a nadie sin que yo haya dado mi aprobación, estoy harto de tu arrogante conducta. ¿No sabes lo que yo he hecho por ti? Soy tu padre y harás lo que yo ordene. –Dijo en forma imperativa –

Lautom respiro hondo y alzó la cabeza, observando el cielo despejado y las águilas del norte viajar con libertad, Lautom se llevó la mano al pecho apretando el colgante que le regaló Emily y miró a su padre fijamente con un carácter autoritario. –Lo siento, padre- cogió las riendas de su caballo y montó en él.

-¿Qué piensas que haces, Lautom? – Dijo su padre, con una vena marcada en su vena.

-….Vivir - Se aferró a las riendas de su caballo y cabalgó como nunca antes lo había hecho, mezclando la alegría de ser libre por primera vez con el temor de la cólera de su padre al oírle gritar de lejos.

Estaba atardeciendo en las Tierras Altas y Lautom se encontraba sentado en el banco mirando el acantilado con un rostro de tristeza, de pronto una mano se posó en el hombro de Lautom y se sentó a su lado, Lautom sonrió al ver que era Emily.

-He oído rumores de que has escapado del condado- Dijo Emily con un rostro de preocupación.

-Si-respondió Lautom- Y dentro de poco también habrá rumores de tu fuga. Amor, quiero pasar la vida contigo, por corta que sea esta para ti, ven conmigo y vivamos juntos lejos de aquí, lejos del odio de nuestros padres.

Emily abrió la boca y miró a Lautom  - ¿Dejarías todo por mí, incluso sabiendo lo poco que me queda en este mundo, sabiendo que sufrirás…? No puedo…hacerte eso…Lau…-derramó un par de lágrimas observando a su amante-

No amor, tú nunca me harás daño, pero yo soportaré cualquier mal que venga siempre que tú estés a mi lado.-La cogió de la mano y la besó en los labios. Emily sonrió mirando a Lautom y asintió respondiendo- Quiero pasar el resto de mi vida contigo, Lau…-

Lautom bajó la cabeza y miró un instante al atardecer. –Amor…- miró a Emily a los ojos - ¿Me concederás el honor de casarte conmigo y ser mi esposa?-


Emily cerró los ojos y junto su frente con la de Lautom. –Solo si tú me concedes el privilegio de amarte.

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