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Alextria Mantogrís

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Alectria Mantogrís
Imagen de Alectria Mantogrís
Información del personaje
Servidor Los Errantes
Género Femenino
Raza Humana
Edad 24 años
Clase Mirmidón
Alineamiento Neutral Bueno
Ocupación Mirmidón Escarlata
Lugar de nacimiento Aldea de Alterac
Residencia Monasterio Escarlata
Afiliación Lordaeron, Cruzada Escarlata, Custodia Escarlata
Estado Viva

TrasfondoEditar

En los últimos años, Alterac ha sido un reino de conflictos bélicos y políticos. Tras la captura del traidor Aiden Perenolde, funesto rey donde los haya, el reino quedó bajo  ley marcial hasta que se coronase a un nuevo dirigente. Stromgarde, que había sido la nación más participativa a la hora de derrocar al antiguo monarca reclamaba tal derecho, mientras que otras naciones, como Gilneas, pensaban que dicho título debía ser ocupado por el hijo de Perenolde, Aliden. Finalmente, Daval Prestor, un noble de una de las casas más importantes de Alterac fue el seleccionado por el Rey Terenas para convertirse en el nuevo líder de la nación, pero este nunca llegó a presentarse a su nombramiento. Sin un rey que velase por su pueblo, y con el grupo de bandidos conocidos como "La Hermandad" asolando la región, Alterac se convirtió en un caos.

Durante ese período anárquico nació Alextria, en una pequeña aldea entre las nevadas montañas, lejos de la capital. La zona estaba bastante oculta y no era muy conocida, pero los bandidos no tardaron mucho tiempo en encontrarla. El lugar quedó bajo el yugo de estos a partir de entonces, eran demasiados como para que los pocos vecinos del lugar pudieran resistirse; después de dejar claras sus intenciones con amenazas y coacciones obligaron a los aldeanos a ofrecerles un tributo cada cierto tiempo a cambio de poder seguir ocupando el lugar. Dichos tributos eran cada vez más exhaustivos. Muchos lugareños se vieron obligados a entregar sus propios hogares y posesiones a La Hermandad, incapaces de poder afrontar las deudas y debiendo elegir entre donar su sangre o su tierra. Una gran parte de estos campesinos emigraron al sur acompañando a grupos de viajeros o pequeñas caravanas. Con el paso del tiempo, lo que en principio fue una aldea llena de actividad acabó siendo un lugar prácticamente abandonado, con apenas tres o cuatro familias resistiendo. 

Una de esas familias, los Mantogrís, residían en una pequeña vivienda en los límites del poblado. Eran conocidos en el lugar por el espléndido huerto de cerezos que rodeaba el hogar. Kaled, el patriarca de la familia, formaba parte de un pequeño grupo de leñadores que transportaba y comerciaba con la madera por varias aldeas y pueblos, mientras que Renata, su esposa, cuidaba del huerto familiar y vendía la mayoría de los frutos en el mercado del lugar. Isador era el hijo mayor de la fimilia, llevándole doce años a su hermana pequeña, Alextria. El primero ya comenzaba a acompañar a su padre al trabajo, mientras que la cría, que apenas había aprendido a andar, se dedicaba a ir de un lado para otro. Todo esto antes de que llegase La Hermandad, claro.

Cuando dicha organización ocupó la aldea, todo se paró. Apenas se vendía o compraba algo, así que Kaled y Renata se vieron obligados a subsistir con el dinero que durante tanto tiempo habían ahorrado. Fueron capaces de pagar el tributo, mes tras mes, hasta que llegó el fatídico día. Varios miembros de La Hermandad, espadas y dagas en mano, entraron violentamente en la aldea y asaltaron las pocos hogares ocupados que quedaban, pensando que ya no era rentable dejar a esa gente ahí. Necesitaban una nueva avanzadilla, y aquella aldea era un buen lugar. Kaled, sobresaltado, agarró rápidamente la espada de su familia del estante sobre la chimenea. A su vez Isador agarró el hacha de leñador y se colocó junto a su padre. Mientras escuchaba los gritos de su marido, Renata agarró la mano de una conmocionada Alextria y huyó por la puerta de atrás. Desde el exterior se escuchaba el choque de las espadas, pero sólo una aterrorizada niña se atrevió a mirar atrás, decidida a observar su hogar por, quizás, una última vez. 

Después de tres duros meses, madre e hija llegaron a los Páramos de Poniente. Allí residía la única persona de la familia que se había marchado de Alterac tiempo atrás, Lisa, la hermana de Renata. Cuando llegaron a la granja, la perseverante madre suplicó a su hermana que se ocupase de la pequeña Alextria y que le prestase algo de dinero para poder volver a Alterac. Lisa pidió explicaciones a su hermana, pero viendo el estado en el que se encontraban madre e hija decidió acceder a las peticiones de la mujer, cuidando de la niña y dándole algunas monedas de plata. Tras despedirse de su hija, Renata partió de vuelta al norte; ya había conseguido poner a salvo a su pequeña, ahora sólo le faltaba asegurarse de que había ocurrido con Kaled e Isador. 

Alextria permaneció en los Páramos durante toda su infancia y adolescencia. Los primeros años fueron muy duros para ella; había pasado de un clima gélido y frío a otro muy diferente, en donde el Sol tostaba todo lo que alcanzaba desde el amanecer hasta el crepúsculo. Trabajaba durante toda la mañana ayudando en la granja de sus tíos, para que luego, por la tarde, su tía le enseñase otras tareas menos prácticas, como leer o escribir. Su tío Jakob, con el pasar de los años, había pasado de ser un hombre amable y generoso a convertirse en un cerdo y un borracho, amargando la vida de las dos mujeres durante prácticamente toda la estancia de ambas en la granja. El tipo había comenzado a hacer tratos con una nueva organización de bandidos que poco a poco iban ganando terreno por la zona; eso evitó que la familia sufriese el acoso de estos, pero a cambio les entregaban buena parte de la cosecha y apenas les quedaba lo suficiente para ellos mismos. Jakob decía que eran artesanos e ingenieros, y que su causa era justa, pero sin duda no parecían nada de eso. 

Después de sufrir malos tratos por parte de Jakob durante muchos años, Alextria y Lisa suspiraron aliviadas al enterarse por un mensajero que el tipo había sido seleccionado para formar parte de la Brigada de los Páramos de Poniente. Debía partir hasta Rasganorte con el escuadrón local y cumplir toda misión u orden que el reino viese oportuno. El hombre se marchó a regañadientes, irónicamente había sido llamado para luchar por el reino contra el que unos años antes se rebeló; al menos ya no suponía un problema para su esposa y sobrina. Aún así, ambas no tardaron mucho tiempo en darse cuenta de que les estaba costando mucho salir hacia adelante sin él, puesto que los trapicheos y tratos que el hombre mantenía con varias personas del lugar era lo que mantenía la granja a flote. Consiguieron subsistir a partir de lo poco que lograban cultivar, además de algún que otro trueque oportuno. La situación en Páramos se fue agravando poco a poco; cada día llegaban más refugiados al lugar, gente que lo había perdido todo a causa de la guerra. Mujeres y hombres que habían perdido a sus parejas, comerciantes arruinados, huérfanos.. la violencia y los robos se fueron adueñando del lugar. Se comenzaron a ocupar granjas y graneros abandonados, a luchar por cualquier alimento sin que importase el estado de este. Viendo el panorama, resultaba prácticamente normal que las dos integrantes de la familia Talbert hubiesen perdido sus escasos cultivos en una sola noche. 

No hacía falta ser muy lista para prever que la cosa iría a peor, por lo que Lisa, decidida, cerró la puerta de su hogar sin intención de volver nunca más a él, sorprendida por lo poco que le costó dejar todo aquello atrás; habían sido unos años muy duros, su marido les había puesto las cosas muy difíciles tanto a ella como a su sobrina y ya era hora de pasar página. Al menos le dejarían de regalo una granja en ruinas u ocupada para cuando volviese, si es que volvía. Alextria, que ya se había convertido en toda una mujer con sus veintiún años acompañó a su tía a Ventormenta, con esperanzas de que la caridad por la que se conocía a la Iglesia de la Luz Sagrada fuese cierta. Un día más tarde llegaron a la Catedral, y mientras su tía comenzaba a subir los peldaños para entrar, a la jóven le llamó la atención un trozo de papel sucio y arrugado que se encontraba tirado sobre uno de los escalones. Al acercarse y desplegarlo observó que era un cartel de reclutamiento; debía de haber sido arrancado por alguien a quien no debía de gustarle mucho dicha organización, la Cruzada Escarlata. Entró en la catedral con el papel en la mano y preguntó a uno de los sacerdotes por la orden; este le indicó, de mala gana, que hablase con un representante en la entrada de las catacumbas, en la planta inferior. Antes de bajar, la muchacha lo consultó larga y tendidamente con su tía, la cual, sabiendo que en caso de que fuese aceptada tendría un plato de comida y un techo bajo el que cubrirse, accedió. 

Cuando bajaron encontraron a un hombre de cabello castaño y mirada firme, portando vestimentas de colores rojizos y dorados. Al principio el hombre se mostró algo reacio al trato, pero en cuanto Alextria mostró algo de interés en la orden, cambió totalmente de parecer. El Hermano Cuerviz explicó a la jóven en qué consistía la Cruzada Escarlata, cuales eran sus principales objetivos y enemigos. La idea de luchar contra no muertos era algo terrorífico para ella, pero el hecho de saber que lo hacía por liberar al norte de esa escoria y que quizás, algún día pudiese volver a su hogar ayudaba a hacerlo más llevadero. Después hablar largo y tendido con el sacerdote y habiendo disipado este todos sus miedos y dudas, Alextria aceptó la propuesta del sacerdote; en unos días llegaría un grupo de hermanos que la escoltarían hasta el Monasterio Escarlata. 

Llegado el momento, Alextria abrazó a su tía, agradeciéndole todo lo que había hecho por ella en todos esos años, dedicándole una mirada del más puro amor y prometiéndole que en un futuro volverían a encontrarse. Ambas lo habían pasado muy mal, pero con determinación y sin miedo, consiguieron dejar todo eso atrás. La muchacha salió de la Catedral acompañada por otros dos hombres y, mirando atrás, se despidió por última vez de su tía. Su madre la había dejado en Páramos siendo una niña, prometiéndole que volvería a por ella, pero eso nunca pasó. Ahora, siendo toda una mujer, había llegado la hora de seguir los pasos de esta y volver al norte, y, con suerte, encontrar las respuestas con las que tanto tiempo ha soñado.

AparienciaEditar

Mujer de figura esbelta y jovial, complexión atlética y estatura normal. Posee una larga melena de color negro como el plumaje de un cuervo, la cual suele llevar con una coleta o trenzada por cuestiones de comodidad, y su piel, antaño clara, ha quedado suavemente bronceada tras varios años de duro trabajo bajo el Sol. De rasgos dulces y a la vez curtidos, muestra una mirada tímida la par que sincera gracias a unos grandes y oscuros ojos verdes acompañados por unas cejas finas y arqueadas. Su nariz es firme y delgada, y su boca está compuesta por unos labios finos y algo voluptuosos, los cuales suelen mostrar una sonrisa algo reservada. 

Mientras está de servicio, ya sea haciendo guardias o durante una misión, porta con orgullo una armadura roja oscura, algo mellada y con simbología de la orden, la cual le ha salvado de heridas muy graves en más de una ocasión. Como arma suele portar dos hojas hábilmente forjadas y adornadas, las cuales, gracias a su entrenamiento como mirmidona, sabe usar con destreza. Cuando no lleva la armadura suele vestir ropajes sencillos y discretos, algo destartalados por el uso y la antigüedad.

CarácterEditar

Aunque forme parte de la Cruzada Escarlata, ha evitado dejarse llevar por el fanatismo y la devoción que caracteriza a muchos de los miembros de la orden. Ha mantenido un pensamiento racional, siendo analítica con todo a su alredor y opinando siempre con libertad de lo que ella cree que es mejor. Además, tiene un sentido del deber y la justicia que difiere en ciertos momentos con el de la Cruzada, lo que le ha llevado en numerosas ocasiones a ignorar o desobedecer las órdenes de los superiores. Uno de los pocos rasgos que comparte con los demás miembros es la desconfianza a toda aquella persona ajena a la orden, puesto que, pese a que ella no atacaría bajo ningún concepto a alguien siempre que no supusiese una amenaza directa, la gente suele mostrarse agresiva y recelosa por la opinión y la fama que tienen sobe la Cruzada Escarlata. Aún así, a primeras también suele mostrarse algo reservada y distante con los demás hermanos de la orden, excepto cuando alguno de estos le agrada. En confianza se muestra como una mujer alegre, sincera y divertida, pero muy pocas personas han llegado a ganarse tal derecho.

FamiliaresEditar

  • Humano.jpg Kaled Mantogrís, padre.
  • Humana.gif Renata (Gazek) Mantogrís, madre.
  • Humano.jpg Isador Mantogrís, hermano.
  • Humana.gif Lisa (Gazek) Talbert, tía.
  • Humano.jpg Jakob Talbert, tío.
  • Humana.gif Géraldine de Janelle , hermana (no de sangre) y mejor amiga.
  • Humano.jpg Alban Harcos, pareja.

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