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Akaliah

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Akaliah
Imagen de Akaliah
Información del personaje
Servidor Los Errantes
Género Femenina
Raza Huargen
Edad 30 años
Clase Pícara
Alineamiento Caótico Neutral
Ocupación Maestra de Manada
Lugar de nacimiento Ciudad de Gilneas
Afiliación La Alianza, Gilneas
Estado Viva

Descripción físicaEditar

Akaliah es una huargen esbelta y con un porte atlético.

Aunque su cuerpo parece trabajado no ha desarrollado una gran musculatura, sino que sus extremidades son delgadas y fibrosas; esto último fruto del ejercicio y de las carreras por la foresta.

En términos generales se podría decir que ofrece un aspecto vigoroso, pero sin dejar de resultar femenino: su figura está bien provista de curvas y tiene un busto generoso.

Está recubierta por una fina capa de pelaje negro, y aunque no parece especialmente abundante es suficiente para protegerla contra las inclemencias del tiempo. Su pelambre muda de tonalidad para colorearle de gris la zona del vientre y la cara interna de sus muslos. Estas matas de pelo más claras también iluminan sus zarpas y parte de la testa: sobre todo los pómulos y las cejas. Tiene una garras menudas en comparación con otros de su especie. Aun con esta particular característica, sus dedos son firmes y están rematados por unas uñas largas y afiladas que sorprendentemente no la entorpecen para usar armas con empuñaduras pequeñas.

El rostro, dentro de su posibilidades lupinas, es armonioso y digno. Tiene un hocico largo y estrecho, con un aspecto húmedo y saludable; está coronado por una trufa negra que no deja de husmear con descaro a su alrededor. Sus ojos almendrados son grandes y expresivos, a menudo entornados en una expresión de recelo. El iris está pigmentado con un color azul eléctrico que resalta en contraste con su tez oscura.

Su cabello asilvestrado se derrama en suaves ondas por los hombros y enmarca con los mechones más cortos su cara. Tiene una melena larga e indómita que acostumbra a llevar suelta y que cubre su espalda hasta los lumbares. En ocasiones la adorna con trenzas para mayor comodidad, para esto usa raíces flexibles o tiras de cuero sin curtir. Para terminar, sobre su cabeza se erigen dos orejas de terciopelo, largas y puntiagudas, la derecha ligeramente mayor que la izquierda. 

Acostumbra a vestir con ropa sencilla y cómoda, apta para moverse sin ataduras por los bosques frondosos. Aunque no hace alarde de elaborados conjuntos como otras hembras, hay elegancia y uniformidad en sus piezas, lo cual revela que tiene cierto sentido de la estética y que cuida de su apariencia en los aspectos más básicos.

Camina con una seguridad en sí misma arrolladora, pisa con firmeza y se conduce con andares felinos allá adonde va. Siempre lleva la cabeza en alto con orgullo y mira directamente a los ojos de aquel con quien se cruza, sin miedo. En sus movimientos enérgicos y poderosos se adivina una actitud desafiante y un temperamento indomable. Oculto en su sonrisa lobuna plagada de dientes hay un matiz de insolencia que no pasa desapercibido para muchos; su pasión por llevar la contraria y por cuestionarlo todo ratifican esta disposición.

Despide un aroma concentrado de tierra húmeda, hojas secas y algunas flores silvestres que se pueden encontrar en lo más profundo de los bosques. Esta fragancia en ocasiones se entremezcla con su propio perfume almizcleño y el hedor de la sangre seca.

PersonalidadEditar

Akaliah siempre ha sido una mujer franca, con un carácter apasionado y un genio explosivo que le suele acarrear disputas.

Cuando era tan solo una infante ya apuntaba a maneras, se podía deducir de sus actos desvergonzados una tendencia incorregible a hacer lo que le viniese en gana y una independencia feroz, más acentuada de lo apetecible en un señorita de alta alcurnia. El desdén que se ganó a temprana edad por parte de sus progenitores, lejos de redimirla de semejante conducta tan reprobable, la perpetuó hasta su madurez.

No obstante, entre aquellos menos escrupulosos con el protocolo era valorada por ser una chiquilla sincera y directa; nunca se dejó achantar por las efusivas críticas de sus más allegados.

Puesto que en su propio hogar nunca encontró el remanso de paz que toda adolecente que se precie busca, lo halló en otro lugar: el bosque. Tuvo la suerte de disponer del tiempo y la libertad necesaria para perderse horas en la espesura sin interrupción. A esas alturas sus padres la consideraban la oveja negra de sus hermanas y no hicieron esfuerzos para tratar de enderezarla. 

Orfilia rosewood by kiokito-d7hlnxz.png

Akaliah retratada en paños menores por un extravagante pintor gilneano.

Nuestra dama descubrió en las ramas de los árboles milenarios los abrazos que jamás recibió.

Aunque muchos la consideraban como una muchacha desobediente, ella pudo ver en las leyes más sencillas del entorno natural unas normas a seguir, menos hipócritas y más justas que las impuestas en la sociedad en la que se crió.

Lejos de ser una misántropa, disfrutaba de la compañía cuando esta era de su agrado, con los animales salvajes y domésticos comprendió el verdadero significado de la lealtad y la amistad.

La selva y el campo fueron sus maestros más queridos y los frecuentaba con toda la asiduidad que podía.

Con el paso de los años se ha revelado como una mujer muy optimista y con una voluntad inquebrantable. Las decepciones que ha recibido a lo largo de su vida no han templado su carácter, sino que la han vuelto rencorosa y despiadada con todo aquello que amenace su seguridad y la de sus seres más queridos. Las censuras constantes que ha recibido han transformado una tolerancia sana hacia los defectos de los demás en una exigencia exacerbada para con los desconocidos.

Aunque nunca fue el paragón de la prudencia, desde su conversión la mecha que dinamita una bomba peligrosa de mal carácter y brutalidad es más corta que antes. Si bien antes ponía en ejercicio constante la burla hacia sus semejantes, ahora prefiere responder a los agravios con gruñidos amenazadores, a veces con uno o dos zarpazos si la ocasión los requiere.

Gustos e InteresesEditar

Cuando aún era doncella pasaba horas en el monte con sus caballos y estaba considerada como una excelente jinete. Aunque no ha vuelto a montar desde la última desgracia acontecida en Gilneas, mantiene un profundo cariño por los equinos y recuerda sus largos paseos con nostalgia. No se limitó tan solo a destacar como amazona, también disfrutaba cuidando de los caballos que poseía la familia y velando por la salud de los mismos en los establos. Siempre se deleitó con las actividades al aire libre.

Jamás fue una ávida lectora, en parte porque los libros que ponían a su alcance no eran del todo de su agrado. Sin embargo, desarrolló un extravagante interés por la literatura de terror, cortesía de la biblioteca personal de su hermano mayor. A regañadientes fue instruida en todas las materias que su madre estimó oportunas para una señorita de su posición: aprendió lo básico de filosofía, protocolo y esgrima. Demostró un talento natural para esta última, y se le permitió alargar su educación unos años más antes de que fuese interrumpida por la guerra civil.

Cuando tuvo oportunidad se hizo con un pequeño invernadero en el que cultivó diversos tipos de rosas, y con ayuda del cual trató de ahondar más en la botánica sin mucho éxito. Pese a su fracaso con la herboristería, mayormente a causa de su temperamento inquieto, disfruta contemplando la flora y tratando de reconocer las diferentes especies silvestres que colorean los bosques. Considera la naturaleza como un regalo que pocos privilegiados son capaces de valorar; ha dedicado y aún dedica largas horas de su vida a su observación.

Akaliah también desarrolló un gusto singular por la música cuando alcanzó la madurez. Pocos conocen su inclinación por esta disciplina y muchos menos en que etapa de su vida tuvo el rigor suficiente para desarrollarla. Lo cierto es que toca con soltura el piano y tiene un oído particularmente fino para las melodías. Desde que le otorgaron el don ha cambiado las teclas monocromáticas por un instrumento más gutural: su propia garganta.

Puesto que la mayor parte de los graves disgustos que han asolado su vida se los ha acarreado la civilización, Akaliah ha cultivado un odio muy insano contra esta en los últimos años. Ha ensalzado las normas naturales que una vez aprendió de lo salvaje cuando era niña hasta convertirlas en un código personal muy poco conveniente para los demás.

Su conducta salvaje se ha convertido con el paso de los años en una frenética búsqueda de emociones fuertes. La nueva vida que se presentó ante ella cuando recuperó la conciencia en el Tal’doren, le ofreció una dosis generosa de estas y el riesgo necesario para no aburrirse en años.

Ética y MoralEditar

“La libertad es la obediencia a la ley que uno mismo se ha trazado” 'Jean Jacques Rousseau.

Akaliah es un espíritu libre. Se considera a sí misma al margen del orden establecido por la sociedad, por ello evita constantemente hacer juicios de valor que se apoyen en la educación dogmática recibida en el seno de la civilización, a la que, desde su opinión, no debe nada más que amargor.

Por el contrario, defiende el equilibrio que impera en la naturaleza y construye sus propias leyes en base a esta.

No tiene compasión cuando condena bajo su opinión personal a los demás, ejecuta sus sentencias con dureza y sin remordimientos.

Desde un punto de vista filosófico avala el relativismo moral. Cree que la crueldad para con aquellos que se merecen un escarmiento es totalmente aceptable e incluso recomendable para evitar que los hechos vuelvan a repetirse. Su carácter desconfiado la alejan de creer en la redención y no da lugar a segundas oportunidades.

"El afecto, la empatía y el amor, lejos de ser rasgos únicamente humanos o únicamente simiescos, son comunes en todo el mundo de los mamíferos sociales.” 'Mark Rowlands.

Aunque su trato hacia los desconocidos es duro e intolerante, esta huargen se muestra generosa con los suyos de forma desinteresada. Es honesta y leal, hasta tal punto de considerar la traición como una de las peores ofensas que se le pueden hacer.

Su concepción de la bondad no pasa necesariamente por la piedad o la contemplación afectada (y comúnmente fingida) de los más débiles. No encuentra placer alguno en regodearse con las buenas obras a expensas de que se la reconozca por ello, sino que es más bien partidaria de remendar las desdichas con hechos, aunque estos no sean siempre la opción políticamente correcta o popular.

FeEditar

Puesto que sus familiares eran devotos de la luz sagrada, no cabe esperar otra cosa que el primer contacto con la religión fuese a través de este culto. Acudía con sus parientes a la catedral por costumbre, pero jamás llegó a sentir una devoción sincera o interés.

Para una persona tan irreverente y pragmática como ella, la filosofía de la luz sagrada se le antojó confusa, dogmática y lejana en cuanto a cuestiones más terrenales.

Jamás fue una mujer con una inclinación espiritual muy fuerte, pero dentro de las posibilidades llegó a armonizar sus ideas inmateriales sobre el mundo con las brujas de la cosecha. Nunca llegó a seguir los pasos de la primitiva senda del druidismo, pero sí encontró en la madre tierra un orden natural que respondió a sus exiguas preguntas metafísicas.  



BiografíaEditar

El pasado de Akaliah está envuelto en brumas tan espesas que es difícil distinguir entre ellas la realidad. Lo único que se sabe con seguridad es que “Akaliah” es un nombre falso que adquirió cuando llegó a la aldea de Rut’theran; el apelativo en cuestión significa “Loba” y es seguro que ponga de manifiesto sus ansias por iniciar una nueva vida bajo su renovada apariencia.

No obstante, hay algunos curiosos que aseguran que se registró con un nombre diferente en el censo de supervivientes, muy probablemente para localizar a su familia en medio de aquella marea caótica de sollozos y pérdidas.

El nombre por el cual figura es Orfilia Rosewood.

Si atendemos a los rumores sobre la familia Rosewood que circulaban antes de la caída del muro, es posible que podamos trazar una cronología inexacta de hechos sobre el pasado de Akaliah.

Los descendientes de Rosewood fueron una larga y distinguida línea de familias aristocráticas de corte conservadora y fieles a la corona, con una orgullosa estirpe de avaros inversores que se enriquecieron con ayuda de la sobreexplotación y hábiles malabarismos con las leyes del comercio del momento.

Weldon y Martha Rosewood fueron los últimos en disfrutar de las ventajas de su condición antes de perderlo todo con la invasión de los huargen a la capital. Décadas antes de la tragedia, Martha Morrewell se unió al Señor Rosewood en un deseable matrimonio de conveniencia para unir ambas fortunas y acrecentar de este modo el patrimonio y el renombre de ambas familias. De dicha asociación nacieron cinco hijos, entre ellos la presunta Akaliah: Lady Orfilia Rosewood.

Se sabe que el primogénito de los Rosewood heredó el puesto de su padre como administrador de la hacienda familiar cuando la guerra civil explotó y el patriarca quedó en paradero desconocido.

Orfilia tenía tres hermanos menores, con su hermana más mayor tan solo se llevaba un año de diferencia. Es precisamente de esta de quien hay numerosas fuentes de información.

Melissa Rosewood gozó de una excelente reputación en los círculos de clase alta tras una presuntuosa puesta de largo que salió anunciada en todos los periódicos. No tardó en recibir numerosos pretendientes, atraídos tanto por la belleza singular de la jovencita como por su dote, igual de singular y seductora.

Contrajo matrimonio con el Oficial James Wickham tras un noviazgo corto, adoptó el apellido de su esposo por iniciativa propia y abandonó el hogar para formar su propia familia a las afueras de la gran ciudad.

Los otros dos hermanos eran mellizos y no fueron debidamente presentados en sociedad, las lenguas viperinas de la corte rumorearon que ambos niños estaban malditos desde su nacimiento. Aunque un estudio más exhaustivo de los retoños sugería que estaban aquejados por algún tipo de enfermedad mental, a las nobles damas les encantaba chismorrear y figurarse un castigo divino por la extrema vanidad de la que solía hacer gala Lady Martha.

Las más allegadas a la Señora Rosewood ensalzaron una devoción incondicional para con sus pequeños a pesar de las extrañas circunstancias y las nocivas habladurías.

Por desgracia para la matriarca, de la cual se dice que sufría ataques de ansiedad a causa de los nervios, sus dos hijos menores no eran la única fuente inacabable de rumores en la el seno familiar.

Orfilia Rosewood tenía la irritante manía de… ser tal como era. Hizo pocas apariciones en público, la mayoría de ellas apartada de la cúspide social y en un ámbito informal donde su insolencia incurable no pudiese perjudicar a nadie. Al contrario que sus hermanos menores, la joven dama gozaba de una más que evidente aguda inteligencia que utilizaba a menudo para poner en evidencia a otros; y aunque Melissa era considerada como la belleza de la familia, a Orfilia no le faltaba atractivo y desparpajo para encender la llama de la pasión en caballeros intachables de buena cuna que… probaban no ser siempre tan honestos y leales como prometían a sus señoras.  Obtuvo una reputación de mujer lasciva muy nefasta a ojos de sus iguales; nunca pareció preocuparle demasiado e incluso tenía cierto interés por lo que se decía de ella.

Her little pup by kiokito-d7hzlaw.png

Orfilia y su supuesto hijo paseando.

La joven se aburría en los salones de té que frecuentaban las señoritas de su condición y en pocas ocasiones se la pudo ver visitar el teatro o la ópera. Asistió a los acontecimientos familiares bajo una estricta vigilancia que luego no servía de nada, pues tenía un don natural para escabullirse. También formó parte de un club de hípica mixto justo antes de marchar al campo cuando explotó la guerra civil.

No se tiene apenas conocimiento de lo acontecido durante su etapa en el labrantío. Se sospecha que pasó unos años en compañía de su abuela materna, quien tenía una finca de gran tamaño que lindaba con el bosque. En la misma época coincidieron bajo el mismo techo su tío viudo y uno de sus hijos, este último aquejado del mismo grado de rebeldía y con el mismo número de escándalos a las espaldas que su prima.

Su abuela fue una bruja de la cosecha en sus años mozos y hay quien dice que animó a su querida nieta para que explorase los misterios del antiguo culto durante estos años de exilio. Si Orfilia decidió introducirse o no en este círculo es todo un misterio.

Lo que sí se sabe a ciencia cierta es que la joven dama volvió en compañía de su madre y hermanos a la ciudad en cuanto la guerra dio a su fin. Poco después, la dama desaparece completamente sin dejar rastro y no vuelve a saberse nada de ella hasta el registro de su nombre en el continente de Kalimdor.

Martha Rosewood ofreció una excusa pobre y breve en nombre de su hija mayor para disculparla de sus deberes nobiliarios, dicha excusa mencionaba una  desconocida enfermedad, virulenta y contagiosa, que la mantuvo encerrada hasta el día de la invasión.

La exclusión de tres de sus vástagos (Orfilia y los mellizos) de la esfera social no estuvo tampoco libre de crueles calumnias. Algunas de ellas aseguraban que habían visto a Lady Orfilia con un vientre prominente y acompañada de su hermana en la finca en propiedad de esta última. Otras rumoreaban que la díscola mujer jamás volvió a su hogar en la ciudad y que se quedó con las brujas de la cosecha. También se comentó la posibilidad de que hubiese ingresado en un gremio de dudosa reputación. Fuese cual fuese el motivo verdadero de su ausencia, lo cierto es que la retuvo durante un largo tiempo y la apartó finalmente de la alta sociedad para siempre.

Tras todo esto, si Akaliah resultase ser la desaparecida Orfilia Rosewood, significaría que la huargen en cuestión tiene aún algunos parientes vivos, título nobiliario y una minúscula parte de la riqueza de su familia.

Nada indica que tenga intención de recuperar su pasado si este fuese cierto. Ahora se considera a sí misma como una feroz protectora de los bosques, de los cuales ha recibido más de lo que nunca pidió a sus prójimos.

Da las gracias por el don que ha recibido, pues no solo se ha visto libre de todo el lastre que acarreaba su posición social, sino que también le ha dado la oportunidad de formar parte del ecosistema que siempre ha amado como una depredadora más, como una loba más.

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