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A veces sonríe: Historia de Pinaroth Thompson

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    • No terminado** 

Los siguientes relatos hablan del personaje Pinaroth Thompson. Muchos de ellos fueron escritos en los comienzos de empezar a rolear, por lo que tendrán seguramente más de alguna powerroleada y demás. A la espera de ser editados para una historia más coherente, no deja de ser algo que merezca la pena compartir, o al menos algo que el autor prefiere que no se pierda con el foro.

Fin de la primera purga del laboratorio Editar

La calma reinaba sobre el Bosque del Ocaso. Solo era interrumpida por una figura vestida de negro que avanzaba al trote montado en su caballo. Un único brillo del monóculo denotaba que Pinaroth Thompson no estaba hecho de sombras. A su espalda, envuelta en una manta y asegurada para que no se cayera del caballo, se encontraba el cadáver de Laurine, su amada. Todavía recordaba el fragor de la batalla, de como los hermanos del Alba de Plata habían luchado con fiereza hasta que el último de los nigromantes y no-muertos del laboratorio habían caído ante el poder de la Luz. 

Tantas cosas habían pasado en una semana... El reencuentro y reconciliación con su hermano... seguida de su fatal destino, las imágenes de Laurine provocadas por el alma de un nigromante acosándole... Los puñetazos sin vida de Lucius, seguidos de sus valerosas frases con ese extraño acento... Pero nada tan importante para Pinaroth como el saber que la mujer que le daba fuerzas podría por fin descansar en paz. 

Al llegar a Ventormenta, tomó el primer barco que zarpaba a Darnassus. Tras un largo tiempo de viaje, llegó a Teldrassil. El recorrido era duro, pero nada era capaz de cambiar el rostro de seriedad del demónomo. Tras coger otro barco hacia Auberdine, cabalgó hacia una pequeña elevación del terreno, cerca de la playa, donde descansaba un gigantesco árbol. Estaba atardeciendo, por lo que los rayos anaranjados se mezclaban con las olas, creando vivos colores que animaban el alma. Tardó varias horas en cavar un agujero rectangular. 

- Mira, Laurine, desde aquí se ve la isla de los elfos. Todavía recuerdo la primera vez que vinimos. Éramos tan jóvenes, estábamos tan asustados... Es el lugar más bonito que he visto en mi vida. 

Con suma delicadeza, colocó el cuerpo de Laurine en el agujero, y no pudo evitar ver el rostro de la única mujer a la que había llegado a amar con locura. La paz se dibujaba en su faz de forma tan sutil y pura que cualquiera diría que era el rostro de un ángel. Sus manos temblaban cada vez que echaba tierra, sabiendo que con cada montón se acumulaba más el pesar de que sólo volvería a verla cuando la Luz o Sargeras reclamaran su alma. 

No se separó de la tumba por dos días enteros, mirando el horizonte, en silencio, rememorando cada momento vivido con Laurine: la primera vez que se besaron, todas las excursiones al Bosque del Ocaso, el nacimiento de Celina, las visitas a la feria... y de vez en cuando también recordaba cómo encontró a Laurine moribunda, herida por los lobos del Ocaso. Ahí fue cuando murió en sus brazos, suplicando que la abrazara por el frío. También recordaba cómo la habían encontrado en las entrañas del laboratorio, resucitada y sometida por el nigromante más fuerte del lugar. O como volvió a morir en sus brazos, mientras ambos se declaraban otra vez su amor eterno. Ya nada importaba las pequeñas broncas por no poder casarse, o las provocadas debido a que Laurine pensaba que el Alba de Plata era demasiado peligroso. 

Y, al amanecer del tercer día, respiró hondo y se levantó. Se colocó el morral, sonriendo a la tumba, y puso camino a Ventormenta, mientras pensaba: "Adiós, Laurine, volveré a ti cuando el último de mis alientos se mezcle con la niebla". Al volver, tendría que seguir con el castigo que se le había impuesto, ayudando a los necesitados en todo lo posible. Mas no era una carga pesada, sino todo lo contrario, era llevaba con alegría. 

¿Y por qué? Porque sabía que después de cumplir con ello volvería a ver a sus hermanos a los que tanto apreciaba, riendo los chistes buenos y malos, regañando por cosas cotidianas... pero sobretodo luchando para que el día de mañana Azzeroth fuera la utopía luminosa que veían en sus sueños.

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